Hoy me lo preguntaba mientras revisaba palabra por palabra, mirada por mirada, recuerdo por recuerdo y me preguntaba por qué habías decidido tomar un vuelo hacia el olvido con el riesgo enorme que implica la posibilidad de no poder obtener el pasaje de regreso.
Tantos años he escuchado la canción de la Trova, tantos años me he dado el lujo de hablar de la inconmensurabilidad de posibilidades del amor que ahora, ni la Trova, ni el amor, tienen un mínimo de sentido para poder explicar una cuarta parte de lo que siento.
Amar es soltar escuchaba por ahí. Por qué parece tan contradictorio... hay que sentarse a escribir una hora sobre la diferencia entre el querer y el amar? NO. Es fácil. El querer corresponde al orden de la necesidad, de la posesión, del precisar algo como parte de uno... el AMAR tiene q ver con el dejar, con el salir, con el dejar ir. Amar implica el desgarro del alma, es el riesgo al que cualquier cuerpo se somete con mayor intensidad. Lo siento por los valientes paracaidistas, pero la verdad es que AMAR implica el dar el alma, el darse uno y a ciegas. Cuando hablo de soltar pienso que si no te puedo hacer feliz, para qué voy a retenerte conmigo? y rápidamente mis ojos se llenan de lágrimas, miro al cielo en busca de una respuesta, y no la obtengo.
Te suelto. Te dejo ir. Te saco la correa del cuello y te miro a los ojos jurándote que estaré bien, que jamás bajaré los brazos, pero qué brazos podré bajar si se han quedado colgados de tu cuello desde el primer día? Cuán mal podré estar si pude descubrirme sintiendo algo tan lindo como esto. Nunca había pensado que fuera posible amar tan profundamente a una persona, al punto de que resultara obviamente responsable la necesidad de alejarme para darle lugar a la más plena felicidad que él hubiera conocido para que pueda sentir lo que alguna vez yo sentí por él.
Una forma sumamente generosa de decir te amo, mi Karma, mi arcángel.
Yo insisto en que tenés el nombre de uno de los tres ángeles que acompañan a Dios hacia la tierra para llevarse a Cristo con él y emanciparlo de dolor, pero vos estás seguro de tener el nombre de uno de sus arcángeles, de los traicioneros, de quienes lastimaron su corazón.
Ahora entiendo que seas mi arcángel.
Los músculos sanan, se ejercitan, y siempre están a punto para tener fuerza. La vida pasa, el tiempo es el mejor Dios al que podemos rezarle cuando las palabras no alcanzan y el alma se desgarra haciendo hasta un pequeño ruido, asimilable a una hoja de parra cuando, estirada, la soplamos. Es el ruido que suena en acordes menores, en la escala de LA menor, en la escala que hace un mes me enseñabas en guitarra.
