27 de julio de 2012

FENOMENOLOGIA DE DOMINGO


Buenos Aires es para mí unos tres puñados de esquinas. Arrojadas sobre un mapa formarían una azarosa constelación. El trazo de un dibujo, un caprichoso mandala, un signo del zodíaco, la fecha de su siempre presunta muerte. En Corrientes y Riobamba, sobre un buzón retirado de su oficio, encontré un sobre de papel marrón, una tarde de domingo sin viento. El sobre no tenía remitente, era pura donación. El trabajo que contenía estaba firmado por un tal Octavio Lozano. El azar quiso que tratara del domingo. Una ficción o una comedia filosófica sobre el domingo, abandonada a la nada, que ahora publicamos.
Juan Pablo Ringelheim

Las gentes han olvidado que hay entre Domingo y los días comunes una diferencia ontológica. Domingo no ocurre en el tiempo como el martes. No crece, envejece ni muere como puede hacerlo, por ejemplo, un dios. Tampoco es perpetuo. Está hecho de no existencia. Se dirá que todos los días surgen del lunes, y el lunes de Domingo. Pero Domingo no existe. El martes y miércoles sí, nadie podría dudarlo. El origen de Domingo es la no existencia. Origen es aquí el originar como deber su esencia, y como aquello por medio de lo cual algo es como es, y no otra cosa. Así, la no existencia es responsable de Domingo. Y a su tiempo el origen de la no existencia es Domingo, al menos en todos los casos que he conocido. Domingo es la nada y la nada es Domingo. Ambos se corresponden. Pero ninguno podría llegar a ser lo que son sin un tercer fenómeno que es el barrio porteño. Porteño significa aquí aquello que proviene del puerto y emplaza una apertura de lejanía y recibimiento. Son porteños aquellos que miran el horizonte hasta que algo se oculta o  devela. * * *
  
El barrio porteño abre una espacialidad en la cual Domingo transcurre. ¿Pero qué es un barrio? Se dirá que Palermo es un barrio, que es algo obvio. Si interrogamos por la esencia de Palermo podremos conocer la esencia de un barrio y así llegar, caminando, a Domingo. El lenguaje ha dado a los porteños en la tradición un número limitado de barrios. Así se solía decir que Chacarita era un barrio, como también lo era Villa Crespo. En sus límites demarcaban a Palermo. En la actualidad las cosas han cambiado. Palermo se ha extendido a toda la espacialidad urbana perdiendo así los límites que abrigaban su esencia. De este modo y no de otro Chacarita es Palermo Dead, y Villa Crespo Palermo Brooklin. El Abasto ha perdido su nombre y se lo señala como Palermo Cuzco. Y así las gentes hablan de Las Cañitas, antaño abierto a las caballerizas, como Palermo Visa. El tradicional barrio de Belgrano siempre se ha distinguido entre los porteños, y en la actualidad se lo nombra como It´s not Palermo. Los márgenes de Palermo se extinguen en el Gran Buenos Aires, y a Quilmes se lo ha nominado como Palermo Beer. Hacia el norte y el sur, el este y el oeste Palermo extiende su sombra y objetos de diseño y decoración. Irradia la gran vidriera y la buena onda desde su centro neurálgico, la placita Cortázar, donde un padre hamaca a su hijo sin saber que con ese movimiento de vaivén da vida al corazón de un pobre universo. Palermo está presente como constante en el espacio porteño. Constante es aquí aquello que aparece sin que se lo llame y no se marcha aunque sea de noche. Palermo decora las casas y dispone los perfumes del ambiente, ilumina los livings, y excita los sentidos de las familias. Palermo no es porteño. No emplaza una lejanía ni se funda en un horizonte. Es siempre presencia. Llegará así el día en que nunca esté nublado Palermo, ni reconozca al sol.* * *

 ¿Pero cuál es el centro porteño? Si meditamos sobre el centro porteño podremos alcanzar la esencia del barrio y con esta la esencia de Domingo. La placita Cortázar y su arenero, con el niño hamacándose son el centro de Palermo. La esencia de Palermo es el vaivén, ahora a punto de alcanzar el cielo, ahora el infierno, en una rayuela sin final. Pero este no es el centro porteño. El lenguaje alberga la esencia a la que queremos llegar caminando, y caminar hasta salir de Palermo es la devoción del porteño. La palabra centro proviene del griego kéntron. En el mundo griego kéntron significaba propiamente aquello que aguijonea y desde lo cual se traza una circunferencia. Aquello que aguijonea dice aquí el aguijón. El aguijón es aquello que tiene, por ejemplo, un escorpión. No está ubicado en su centro sino en el extremo de lo que vendría a ser su cola. Arribamos a la conclusión de que el centro está en el extremo sólo si miramos al escorpión reposar o comer. Cuando un escorpión macho quiere aparear a un escorpión hembra fija su aguijón en un punto de la arena y comienza a dar vueltas en tornó a él trazando una circunferencia, que será a su vez el lecho de apareamiento. Así vemos que en el preludio del amor el aguijón es el centro. Lo es también en el sacrificio del escorpión, cuando se clava en la carne y fija una aureola roja en su torno. Y cuando el grito del picado se extiende en un radio que será a su vez la nube de su inmenso dolor. En el mundo griego el kéntron no era constante sino que se donaba una vez aquí y otra allí. Sólo tardíamente Occidente fijaría los centros de modo constante y sin temporalidad. En el alba griega un hombre rondaba la Academia despertando a los filósofos. Lo llamaron Kéntron. Eugenio De Paz, en su Historia marginal de la filosofía griega, lo sitúa en la tradición de los cínicos y sostiene que su nombre se debió a su costumbre de aguijonear como un tábano los sueños de Platón. Esto es lejano a la verdad. Kéntron fue llamado así por su costumbre de danzar ante las mujeres en forma de círculo y manteniendo fijo un talón atrás. Imitaba así tanto la danza del escorpión como el movimiento de un compás. Tal actitud despertaba el cariño de las mujeres en gran número. De a diez o más. Nuevamente encontramos aquí que el centro irradia, contagia fuerza, hacia la circunferencia. En el ocaso de su vida Kéntron cambió su danza de seducción por el silbido de los pájaros. La vida de Kéntron devela que en sentido griego el centro es mímesis de la naturaleza. El escorpión y el pájaro una vez aquí y otra allí, dilatando calores corporales. * * * 
  
Empero si el mundo griego dice aquí que el centro era en devenir y emplazaba una aureola en su derredor, es decir, fijaba aquello que los latinos llamarían una circumferentia, ¿cuál será entonces el centro porteño? Si se dice que el Cid Campeador se eleva punzando el cielo y alzado sobre un corcel que clava los pies en la tierra, marcando una vez el tránsito de los mortales y atrayendo la vista de los divinos que miran a través de la luneta de los automóviles, si alguien lo dice estará en lo cierto. Más no aún en lo verdadero. El Cid es el centro geográfico de la ciudad, pero no dice la esencia porteña. Avenida San Martín y Gaona es kéntron según la concepción geográfica del espacio. Asimismo el Microcentro es núcleo de la ciudad según la concepción instrumental, pues irradia servicios, finanzas y espectáculos; más no lo es desde nuestra concepción fenomenológica. El mundo antiguo salvaguardaba el centro en la mímesis de la naturaleza, el mundo moderno ha fijado el centro en los mercados. ¿Cuál es entonces el mercado que fija una circunferencia y da vida al antibarrio de Palermo? ¿Cuál es el aguijón que punza el espíritu extendido de Palermo amenazándolo y salvándolo a la vez? El Once. Palermo se extiende por toda la espacialidad nublando el horizonte del porteño. El Once lo abastece. Abastece dice aquí el producir e importar objetos con la finalidad de ser vendidos al pseudosnob. Pseudosnob es en su plenitud aquel que camina por Palermo. En el corazón de Palermo el pingüino de cerámica blanca yace en el estante de vidrio junto al muñeco colgante de Elvis Presley. Tiene la vista fija en un sillón individual forrado en puro cuero de vaca. Entre el pingüino y la vaca se espacia un terruño pampeano y la tenue melancolía de una Patagonia hecha de hielo celeste y sol. Entre ellos yace la flacucha vendedora, obvio. Conversa entre monosílabos y risitas con un muchacho pelirrojo, obvio. Cada uno tiene medio corazón cortado por la misma tijera roja, que está también en venta. El pingüino, el sillón forrado de vaca, los termos de color metalizado, y los dos corazones rotos se han comprado en Once. Palermo sólo agrega el diseño. Diseño significa aquí aquello que otorga una seña. La seña de que el objeto pertenece ahora a Palermo. Palermo es aquello que está en venta como Palermo.* * *
  
¿Pero cómo hemos de salir de Palermo? Caminando por Once en Domingo. Aquel que pasea por Sarmiento y Larrea en Domingo se abre junto a las calles a la donación del Ser. Domingo se dona en su plenitud en esas calles llenas de nada. El Once es en las cosas que ofrece los días comunes. Las telas brillantes incineradas por el sol, las dieciséis agujas de acero ordenadas en la caja junto al dedal, los guantes de obra en las manos con uñas de carey de la vendedora soltera,  el llanto mal disimulado de los maniquíes envueltos en guardapolvos de escolares o de mucamas, el aliento dolorido de la coreana frente al hijo que faltó al colegio, y su marido peleando a gritos un precio con el proveedor. En Domingo esos entes se ocultan tras las vidrieras y florecen en ningún lugar. Florecen en tanto son hidratados por el agua roñosa de las calles, que proviene de las cañerías y las terrazas disecadas. Y el espíritu de Dios aletea al ras del suelo.          En una vidriera sobre la calle Larrea hay un muñeco que supo tener bisoñé alguna vez. El bisoñé, antaño peinado prolijamente en el mediodía de Domingo, ahora yace junto a un pijama en una cama desecha, como un calzón de raso. Si meditamos sobre aquello que nos dice bisoñé alcanzaremos la esencia de Domingo. Bisoñé ha significado para los franceses necesidad o media peluca. Los necesitados, los besogneux, eran aquellos que no podían comprar una peluca entera. Es propio de la época moderna el suponer que el bisoñé debe tapar la calvicie, más no lo era en la antigüedad. Los hombres antiguos usaban peluca como medio de aproximación al Señor. El Señor era aquel que llevaba corona como seña de su cercanía al cielo. El Besogneux estaba entre los menesterosos y los señores, en ningún lugar. El hombre con bisoñé paseaba bajo el sol de Domingo, errante, dando saltos entre el palacio y la aldea. Los saltitos de alegría del besogneux  muestran la necesidad de estar entre el cielo y la tierra, una vez próximo a Dios y otra al dinero. Entre el dinero de las vidrieras y el agua de Dios están las veredas del Once en Domingo. Quien camina por Larrea y Sarmiento es un besogneux, un caminante de ningún lugar. Domingo es necesidad. Necesita al caminante perdido que marca el pulso que llena a Domingo de un eco de los días que vendrán. Domingo necesita que le regales un recuerdo de lo que alguna vez fue. Mucho antes del Bing Bang. Una oración quizá. Dos siglos atrás el sonar de las campanas que llamaban a misa se extinguía en los bordes mismos del universo en Domingo. Y ahora, en el silencio de su tarde secular, se escucha el lejano lagrimear de Venus, y puede oírse el dolor de dientes del viejo Saturno. Domingo se pierde en la tierra entre el suelo y las terrazas. Domingo ovilla pelos en los rincones de las casas y los abandona como fallidas artesanías. Sulfata las pilas de los automóviles encontrados. Domingo desatiende las plegarias de las viudas, y encarna en una radio portátil o en la televisión de fondo. Domingo no es triste ni es feliz, es un alma que no existe y quiere existir.

26 de julio de 2012

Todos somos emisores...


Los hombres que daban forma a una generación literaria podían ser encontrados, en otros tiempos, sentados en cafés estratégicos y sacando filo o espoleta a un manifiesto más o menos tremebundo, cuanto menos quejoso e invariablemente urgente.
Si algún destino existía para ellos, se resumía en fama u olvido. Las revistas culturales solían ser portavoces, o altavoces, de las intenciones grupales, es decir engranajes esenciales de su cadena de distribución. Hoy, además, hay blogs en Internet, cuyos precursores fueron las secciones concedidas por los diarios a las letras y las bellas artes, "espacios" luego confirmados por la televisión.

El blog "de ideas" ya es una institución de la cultura y los debates actuales en torno a su consistencia ontológica y técnica suponen una trifulca altisonante acerca de sus incumbencias, no menos que por la porción de prestigio e influencia que otros medios ya consagrados o habituales necesariamente han de ceder. No obstante, se sabe que de tales grupos literarios o intelectuales la posteridad picotea, a lo sumo, algún autor, algún título, si es que lo hace.

La causa de la preferencia por ciertos "soportes" de ideas, sea en papel o en pantalla, difícilmente será encontrada en el contenido, siempre perecedero, sino en la potencia articuladora y amplificadora de su forma técnica, que es mayor, incluso inmensa, a las posibilitadas por una revista o un libro.

A juzgar por las "visitas", los lectores se multiplican como peces, en el supuesto de que los números computados por el "contador" del sitio informático signifiquen algo. En todo caso, los números altos de tirada de edición siempre han significado éxito, y no valor.

De Internet se dice que es una "revolución", palabra que ha demostrado ser un concepto productivo, además de coartada y consigna. En su momento, también la invención del automóvil modificó "el soporte" y la celeridad de la circulación de la carne humana sin cambiar por ello el lugar de destino ni el motivo de la cita: fábricas, oficinas, ventanillas para trámites, complejos turísticos. Lo importante era la circulación en sí misma, y la novedad. Por debajo, sosteniéndolas, una enorme trama de intereses económicos y políticos.
En fin, que no faltó el exaltado que calificó al zapping de manivela libertaria de la audiencia. Ahora, al igual que cien años atrás, se cree que el desinterés o el escepticismo por los símbolos del "progreso" es una actitud poco menos que bárbara, parecida a la de esa gente que afea el paisaje urbano por no respetar los dictados de la moda. Es inevitable que cada época se ilusione con sus juguetes nuevos.
Nada a objetar: los sitios informáticos de ideas son tan útiles y significativos como lo eran las revistas y las bibliotecas. Pero suponerlos un trastrocamiento revolucionario en el orden de la cultura es el tipo de exageración enfática que suele acompañar a los discursos de sobremesa. Lo cierto es que el contenido raramente confirma otra cosa que no sea la apoteosis y el espectáculo del "yo", esa antigua muletilla de la vanidad y el narcisismo. Internet podrá parecerse a una galería de espejos deformantes, pero la retórica circulante se remite a un pronombre personal.

Ya es bastante difícil escribir dos o tres buenos ensayos o ficciones al año. La sola idea de publicarlos tres veces al día da vértigo, salvo que la opinión, por sí misma, haya devenido en género literario hegemónico, no menos que el carneo, el vómito y la maledicencia, juicios soeces que abundan en ese módico circo romano aunque sin el gracejo que el ingenio popular suele dejar en las paredes de los mingitorios públicos.
Esta época espera que cada hombre y cada mujer, cada niño y cada anciano, sean ricos o pobres, se transformen en "emisores". ¿De qué? Eso carece de relevancia, puesto que la experiencia inmediata del mundo se ha vuelto tan fugaz como una primera plana de periódico. Y por cierto, que los matutinos debatan la naturaleza de estos sitios informáticos es algo muy natural, puesto que nada hay más parecido a un diario que un blog con pretensiones culturales. Ambos han de ser llenados todos los días.
El blog, al igual que antes la revista de cenáculo, es menos una herramienta generacional que una tradición moderna: hay que hacer algo de ruido allí abajo para que los de arriba hagan lugar a las nuevas generaciones, si es que éstas mismas no son otra cosa que un abuso académico de fechas de nacimiento concordantes. El barullo ha de ser lo más sonoro posible, pues hay gente aún más joven en las gateras exigiendo inclusión social. Quizás por eso la edad de los pregones más entusiasmados por la novedad técnica suele estar más cercana al nicho del cementerio que a la sala de partos del hospital.

22 de julio de 2012

El Arte narrado . Dinamicas

Arte y Romanticismo   El Romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo que se presenta de manera distinta y particular en cada espacio en el que se desarrolla proyectándose también en el arte. Se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo. Su búsqueda constante es la libertad auténtica. Es un movimiento estético, filosófico, político y científico. Nace en los albores de la modernidad cuando se pone en marcha el proyecto de la Ilustración. Es un movimiento de crítica rotunda a muchos postulados, estrategias y concepciones de la razón como fuerza renovadora de la historia.Este movimiento postulaba la conciencia del Yo como entidad autónoma y, frente a la universalidad de la razón cartesiana, dotada de capacidades variables e individuales como la fantasía y el sentimiento; la primacía del Genio creador de un Universo propio, el poeta como Dios; una valoración de lo diferente frente a lo común lo que lleva una fuerte tendencia nacionalista; el liberalismo frente al despotismo ilustrado; la originalidad frente a la tradición clasicista y la adecuación a los cánones. Cada hombre debe mostrar lo que le es único. Postula también la creatividad frente a la imitación de lo antiguo hacia los dioses de Atenas y la obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y cerrada.La razón ilustrada había definido desde el conocimiento lógico racional radicalizado, al mito como pura ilusión, pura falsedad. El Romanticismo (hijo y celebrante de las Luces) hace reingresar el dilema del mito, en su preocupación por entender y revalidar lo irracional que cobra vida en todo logos racional. Rescata lo mítico, lo analiza y lo reivindica en tanto forma de conocimiento, como camino de un saber humano también genuino, como formas de comprensión y abordaje de la relación entre hombre y naturaleza. El poeta como mediador del a verdad entre los dioses y los hombres. Es la única criatura que hereda el don de la palabra, el don divino de nombrar. El movimiento romántico repone y realza esta problemática. La palabra, la poética, el mundo y sus narraciones dadoras de sentido.Schiller recupera la extraviada armonía entre hombre, naturaleza, dioses y el arte. El arte en Schiller es el camino de la recuperación del hombre frente al fracaso económico y político del proyecto burgués en la historia. Postula la belleza como la verdad que repone el momento ético y de libertad suprema del hombre moderno. Anuncia la revolución estética a través de un camino educativo y formador. La Alemania de fines del Siglo XVIII representa un universo social y político de vida serena. Las clases sociales parecen respetarse y estar eternizadas. El noble, el banquero, el obispo, el comerciante, el magistrado, el artesano, el campesino aparecen en esta Alemania como figuras consagradas, indiscutibles respecto del lugar que ocupan. Es equiparable al universo arcaico de la Edad Media. Sin embargo intelectuales alemanes van a empezar a sentir los cimbronazos de la aceleración industrial, la vida burguesa, el galope del capitalismo… las nuevas lógicas de mercado y la lenta efervescencia del mundo burgués postergado, su democracia, su capital. Como resultado estalla una profunda revolución intelectual, en el campo de la sensibilidad, de las ideas, del pensamiento. Aparece la noción de hombre moderno como un hombre desgarrado. Una partícula, finita en lo infinito, un condenado al tiempo mortal y, por lo tanto, necesitado de una reconciliación mítica. El camino humano ya parece imposible. Habrá que asumir la historia fracasada. El camino divino también deviene en retraso o en ausencia: los dioses se han ido. La heroicidad romántica reside en asumir ese fracaso, enfrentar la batalla y reconocer la tragedia de este tiempo. Para el romántico la filosofía necesita ese modo mítico, recrearlo, imaginarlo, consumarlo moderadamente. Lo mítico (relato que penetra en el corazón de la gente, de los pueblos, como lo fue el cristianismo) necesita a su vez de un pensar filosófico nuevo que le otorgue sentido y valores sustantivos. La poesía es la conjunción entre arte y naturaleza, que la modernidad ya no pudo reestablecer. El mito, ese universo de los relatos de los orígenes y de los orígenes del relato, remite a la literatura, a la poética, a los llamados a ser mensajeros de los dioses. Lo mítico convoca al océano poético primordial donde la naturaleza y el hombre viven en plenitud de su esplendor.Frente a la razón científico–técnica de la ilustración, el Romanticismo planteará el camino de la poesía y de la filosofía: dos milenarias guardianas de la palabra como senderos de una verdad mas humana, a la medida del hombre en su completad perdida.El poeta va en la búsqueda del nuevo relato sustentador, de una exploración en lo mítico vaciado y allí sólo encuentra el interrogar de la poesía y la filosofía. La poesía es representación del alma. El sentido poético está en comunión con el sentido mítico. Representa lo irrepresentable. El sentido poético está vinculado con lo habitual, general, para conferirles otra significación única, evocadora.Debemos entender al Romanticismo como un amplio planteo donde lo poético, lo filosófico ligado un indagar primordial, le disputarán a la razón científico-técnica las vías de la verdad. Los lenguajes de acceso a la verdad y, por lo tanto, los significados últimos de esa subjetividad moderna productora de sentidos y legalidades.    El Surrealismo como ejemplo de vanguardia en el SXX   El surrealismo se basa en la creencia de una realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta la aparición del mismo, y en el libre ejercicio del pensamiento. Tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos, y a sustituirlos por la resolución de los principales problemas de la vida. En términos académicos se puede definir al surrealismo como el automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.Surrealismo es ante todo una concepción del universo y no un sistema verbal o antisistema verbal. Surrealista es ese hombre para quien cierta realidad existe, y su misión está en encontrarla. No supone primitivismo alguno, sino reencuentro con la dimensión humana sin las jerarquizaciones cristianas o helénicas, sin "partes nobles", "alma", "regiones vegetativas". Inocencia en cuanto todo es y debe ser aceptado, todo es y puede ser llave de acceso a la realidad.En 1924 André Breton escribe el primer Manifiesto Surrealista y en este incluye lo siguiente: “Indica muy mala fe discutirnos el derecho a emplear la palabra surrealismo, en el sentido particular que nosotros le damos, ya que nadie puede dudar de que esta palabra no tuvo fortuna, antes de que nosotros nos sirviéramos de ella”. Claro que no, el surrealismo se basa en la creencia de una realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta de la aparición del mismo, y en el libre ejercicio del pensamiento. Tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos y a sustituirlos por la resolución de los principales problemas de la vida. Encuentra su origen en el Dadaísmo, movimiento artístico precedido por Tristan Tzara, en el cual se decantan las ideas de los dos movimientos. Ambos, uno inclinado hacia la destrucción nihilista (Dadá) y el otro a la construcción romántica (surrealismo) se sirvieron como catalizadores entre ellos durante su desarrollo. El dadaísmo es un movimiento cultural que surgió en 1916 en el Cabaret Voltaire en Zúrich, Suiza. Fue propuesto por Hugo Ball y Tristan Tzara. Su característica fundamental fue la oposición al concepto de razón instaurado por el Positivismo. Dadá se caracterizó por rebelarse en contra de las convenciones literarias y artísticas y, especialmente, por burlarse del artista burgués y de su arte.Ahora bien, André Breton como líder de este movimiento vanguardista, comienza a acercarse al surrealismo a en 1916, cuando conoce la obra de Alfred Jarry y ahonda en las teorías del psicoanálisis de Freud. He aquí un factor fundante para el surrealismo: el conocimiento de las capacidades del inconsciente como manifestación más real de lo real. Lo más real es lo invisible. Se propone una extrema abstracción dado que el lenguaje abstracto puede explicar una realidad de núcleo invisible. La abstracción,  y esto se ve claramente en la obra de Kandinsky, no es pérdida de lo real, busca separarnos del mundo de lo visible. Es un lenguaje. André Breton, antes de declararse surrealista en 1924 a través de su manifiesto, fue dadaísta. El Dadaismo es consecuencia, en parte, del clima bélico de la primera Guerra Mundial. Aparece una sensación de repudio en algunos artistas hacia el vacío espiritual de la burguesía. La urgencia de renovación y el hambre de lo novedoso llevan a algunos artistas como Tzara a prestar atención en lo más primario del hombre. Eso más primario en principio es la voz del niño, es la exclamación del niño por excelencia previa a la incorporación del lenguaje: “Dadá” será la onomatopeya que representará para estos artistas lo más primario del ser. El Dadaísmo sobrevivió en diferentes técnicas pero no sobrevivió a sí mismo. En poesía el dadaísmo abre el campo para la llegada del surrealismo y ayuda a crear un lenguaje poético libre y sin límites. Para entender qué es la estética dadaísta en el mundo de la poesía, nada mejor que recoger los consejos que Tzara propone para hacer un poema dadaísta en "Dadá manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo": Coja un periódico Coja unas tijeras Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema Recorte el artículo Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa Agítela suavemente Ahora saque cada recorte uno tras otro Copie concienzudamente en el orden en que hayan salido de la bolsa El poema se parecerá a usted y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendido del vulgo. Esta suerte de guía práctica de Tzara nos remite claramente a los manuales de instrucciones que el propio Julio Cortázar, Surrealista y Patafísico por excelencia, publica en “Historia de Cronopios y de Famas”. No encuentro pertinente dejar de lado la importancia en el movimiento Surrealista impulsada por Alfred Jarry, autor que ha inspirado la obra de Breton y de Cortázar, entre tantos otros autores, y que ha sido un respetuoso del manifiesto surrealista de Breton. Si alguien logró escribir sin pensar, este fue Jarry. Su obra póstuma, “Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, patafísico” (Gestes et opinions du docteur Faustroll, pataphysicien) describe las enseñanzas de Faustroll, pionero de la "patafísica", disciplina que trata "las leyes que gobiernan las excepciones y explicarán el universo adicional a éste". En la patafísica todo suceso del universo es una excepción, y las leyes de la física no son más que excepciones que se producen más frecuentemente. Ahora bien, en línea con lo comentado respecto del Surrealismo, su origen anclado en el Dadaísmo y la Patafísica como la anti-ciencia a la que también atendió el jóven Breton, cobra sentido la obra de Cortázar, su afán por la preponderancia de lo lúdico, tanto en los personajes como en su propia práctica de escritor. Lo que ocurre en Rayuela, la confrontación de dos mundos, el real y un mundo onírico, de lo deseable, de lo bello, de lo perfecto. Rayuela en sus personajes y en las propias Morellianas donde el autor invita al lector a ser cómplice de este juego de lectura, apela permanentemente a lo casual como causal, a lo irracional vestido de mujer. Esta Maga que junta de la calle un paraguas, que siempre está parada junto a un gato en algún patio del barrio latino de París, o el mismo Oliveira que va juntando piolines que guarda cuidadosamente en el bolsillo de su Canadiense, son representaciones clarísimas de postulados Dadaístas y Surrealistas.Cortázar adhirió a la filosofía estética del surrealismo. Lo mismo que Breton el escritor argentino pretendía que la literatura, el acto artístico, fuese expresión de lo real, develación de lo real. La imaginación literaria es exploración de pliegues imperceptibles de la realidad. Parte de este ideario, lo plasmó en su teoría del túnel. Una elaboración teórica sobre la literatura como vanguardia, como túnel hacia espacios aún no explorados de la realidad.   Steiner: La ejecución responsable o la interpretación plena de la obra de arte.    En “Presencias Reales”, Steiner plantea una hipótesis: en el arte se pone en acto una comunicación hacia una realidad trascendente. El arte no es algo inmanente como tampoco lo es el lenguaje. El lenguaje en la modernidad no se vuelca hacia algo real fuera de los enunciados. Por lo tanto, dice Steiner, la realidad está dentro del lenguaje en forma inmanente. La obra sólo existe entre la materialidad de la obra y la interpretación del público. Esta es una primera aproximación al modelo de deconstrucción lúdica al que adhiere este autor. Ante la concepción del arte como sustancia, Steiner propone trascender la limitación de las palabras, rompiendo esa inmanencia. La presencia de lo real la recuperamos a través del arte. El arte aparece nuevamente como un punto de inflexión en la vida de los hombres. Tal como apareció en el Romanticismo del XIX la poesía y el poeta como portadores de la voz y mediadores de la verdad entre los dioses y los hombres, Steiner propone el arte como una forma de trascender lo real.  El arte es entendido como realidad de la vida; misterio irreductible a cualquier interpretación. En relación con esto, Steiner propone la experiencia de la vida como transparencia y no como misterio porque somos educados bajo ciencias que hacen inteligible el mundo, creyendo que la realidad es transparente y, por lo tanto, damos a la vida un sentido manifiesto para entenderla. La vida, dice Steiner, es un continuo entre un nivel de transparencia y un trasfondo oculto y misterioso. Ésta se manifiesta primero como un misterio. Para el hombre antiguo, la vida se les brindaba oculta, misteriosa, era un misterio. El hombre moderno ha abandonado el misterio. El autor indica que el hombre moderno no puede vivir bajo la oscuridad, no tolera los sentidos ocultos, con lo cual necesita de sentidos manifiestos para poder crear cultura. Por lo tanto se produce la colonización del misterio. Pero una cultura, dice Steiner, que olvide el misterio primero, cae en la inmanencia y no conoce su finitud.  El arte es trascendente porque no queda encerrado en interpretaciones ni en instituciones. Para Steiner el arte es una respuesta. Impone un puente al misterio que ha dejado de lado el hombre moderno. El Arte le responde al sentido de la vida y por lo tanto se trasciende a si misma. Se produce un reencuentro con la vida más primitiva, con el misterio. Ese nivel de lo oculto, de lo primitivo, del hombre moderno que será recuperado desde el arte como puente, según Steiner, es el nivel que retoma el surrealismo. El nivel primario de las cosas. El no pensar, el automatismo de las formas, el inconsciente en su forma más pura. La necesidad de no entender y la presencia de lo onírico. Quebrar las reglas de lo establecido es una práctica del surrealismo. La obra de Salvador Dalí, la presencia de lo inimaginado, un reloj derretido arrojado sobre una rama de un árbol. O bien, la obra de Cortázar como arte que escapa fuertemente a la realidad cartesiana, ofreciendo una historia completamente distinta a través de Rayuela como se mencionó anteriormente, pero fundamentalmente a través de Historia de Cronopios y de Famas, donde el propio autor inventa personajes y los hace conversar entre sí. Este Cronopio que parece disperso, improvisado, permanentemente feliz o deprimido, pero desprolijo, producto de la actividad inconsciente es un refelejo producto del desdoblamiento primario de lo humano. ¿Qué divierte al Cronopio? Cazar Esperanzas. Este tercer personaje son las Esperanzas, las mismas alocadas que revolotean los techos y los cielos y se cazan como mariposas. Y los Famas, producto del hombre formado, producto del hombre forjado desde los ideales de la razón. El Fama es gris, vive infeliz, vive ordenando, tiene todo guardado, es prolijo y premeditado y detesta al Cronopio. Este juego constante, esta deconstrucción que hace Cortázar en el libro además de estar enraizado fuertemente en la lógica surrealista recrea una alternativa de arte que obliga al lector a escapar de lo real como lo estático, lo dado, invita a una propuesta diferente. En Rayuela, de Cortázar, la creación del autor llega tan lejos que logra romper la estética pura del lenguaje y romper completamente con el modelo novelístico occidental. Primero propone una serie de posibles lecturas, con un cuadro de salto entre capítulo y capítulo. Pero además, llega lejos al punto de crear un nuevo lenguaje. Hay sensaciones tan difíciles de verbalizar que sólo a través de palabras que no existen pueden llegar a generar sentido, algo así plantea Cortázar cunado en el Capitulo 68 de Rayuela describe con palabras inexistentes un encuentro sexual entre La Maga y Horacio. El lector en ningún momento deja de entender lo que se está narrando, no hay una pérdida de sentido, al contrario, se gana sentido hasta con un lenguaje alterado, de palabras que no significan nada individualmente, ruidos si leyéramos en voz alta y sin embargo un juego de sentido que redobla la apuesta al sentido que hubiera podido tener este capítulo escrito de forma “correcta”.  Siguiendo con las posibles comparaciones, Steiner dedica un capítulo titulado Jugar con las palabras en su trabajo “interpretar es juzgar”, en donde sostiene que es precisamente la credibilidad racional y la práctica de este avance acumulativo hacia la comprensión textual, lo que hoy en día se pone seriamente en duda. “El posestructuralista, el deconstructor nos recuerda (con razón) que no hay diferencia sustancial entre texto primario y comentario, entre el poema y la explicación o la crítica. Todas las proposiciones y los enunciados, ya sean primarias, secundarias o terciarias (el comentario acerca del comentario, la interpretación de interpretaciones previas, la crítica de la crítica,), se presentan como parte de una intertextualidad vigente” El "yo", después de Freud, Foucault o Lacan, no es tan sólo un otro, sino una especie de nube de energías cambiantes e interactivas, de introspecciones parciales, momentos de consciencia compactada, móvil, inestable, dice Steiner, en tomo a una región o agujero negro del subconsciente, del inconsciente o del pre consciente aún más indeterminada. Es este YO el que postulan Breton a través del surrealismo. Es este YO el que postula la premisa romántica de la conciencia del Yo como entidad autónoma y dotada de capacidades variables e individuales como la fantasía y el sentimiento, frente a los postulados de la razón cartesiana. El romanticismo primero y el surrealismo después son dos ejemplos del hombre en la lucha contra el orden establecido. El arte funciona en ambos casos como develador de lo nuevo, de un mundo posible. El arte es un develar diferente frente a la forma de develar de las luces, del capitalismo, de la burguesía. Los artistas románticos que lucharon contra el orden establecido del iluminismo con su predominio de la razón cartesiana y el surrealismo que fue una respuesta al fracaso y vaciamiento cultural, político y económico de la burguesía han respondido con un develar diferente al lenguaje cerrado, unidimensional, de la modernidad.El texto de George Steiner nos ayuda a comprender la problemática del lenguaje en la actualidad occidental. El autor sostiene que en nuestro vocabulario y nuestra gramática habitan metáforas vacías y gastadas figuras retóricas que están firmemente atrapadas en los andamiajes y recovecos del habla de cada día. Son las mismas metáforas cristalizadas y vacías a las cuales hace referencia Martin Heidegger o Herbert Marcusse en su Ensayo “El Cierre del Universo del Discurso”. Las palabras y la constante autorreferencia del lenguaje generan el vaciamiento del concepto, la cristalización del significante y obliga al uso de la palabra sin la necesidad de pensarla etimológicamente. Este lenguaje inmanente ha creado un universo dentro de las palabras y su sentido se agota en él mismo. Es el lenguaje de la Modernidad: autorreferente y constructor de una sociedad que el hombre habita y que lo trasciende de su existencia.Steiner adhiere al postulado de la existencia de Dios que implica la aceptación de una realidad anterior a las palabras, realidad que se crea a sí misma y a infinitos mundos posibles y futuros. El lenguaje occidental habla de Dios, el lenguaje del Cristianismo, de los hombres de ciencia, refiere a Dios, sin embargo en la rutina de la cotidianeidad del lenguaje Dios no existe, nada garantiza su presencia. Estamos entonces habitando un mundo construido mediante el lenguaje, cristalizado, a través de las palabras. Es un mundo que se muestra silencioso, difícil de expresar. Aunque todo lo que nos rodea se puede expresar en palabras, o definir, permanece del lado de lo oculto. Las palabras relatan algo y esconden el sentido que ahora les es inherente. Pero además este mundo que habitamos se torna profundamente desconocido. Está conformado por espacios cambiantes, dinámicos, producto de la interacción misma de las cosas con nosotros mismos y la resignificación de las relaciones que forman el mundo. Es ahí donde el lenguaje encuentra su fin, donde el lenguaje acaba por ser incapaz de seguir significando sensaciones, realidades, dolores entrañables. Ahí tiene lugar el papel fundamental del inconsciente. Cuando las palabras se agotan, lo onírico continúa el relato. Es una premisa del psicoanálisis clínico de Jacques Lacan que se encuentra enraizado en el trabajo de Freud. De ahí la importancia de la obra surrealista tanto en el poder expresar algo del orden de lo onírico, del orden de lo primario, de lo oculto, como en mostrarse como una herramienta de liberación para el autor o artista. 

.Viejas Canciones.

Traigo la camisa roja, tralaralará, lalará, de sangre de un compañero. Mirái, Maruxina, mirái,  mirái como vengo yo... Las mujeres de los mineros cantaban mientras eran desalojadas del Senado. Víctimas del enésimo recorte del gobierno los mineros luchan por su futuro y el de sus familias. Piden que se respete la continuidad de las ayudas públicas a la minería del carbón hasta el 2018 tal y como había acordado la Unión Europea. Pero sus voces, como tantas otras, son desoídas. El sector del carbón en España, al contrario que algunos sectores financieros, no parece tan grande como para no dejarlo caer. Así que Maruxina, que vio a su hombre sobrevivir en el pozo María Luisa al barreno y a la silicosis, ve ahora, expulsada del Senado, como los mineros son acorralados por una política que encuentra en la crisis financiera la excusa para acometer los recortes que el capitalismo más despiadado siempre exigió. La prima de riesgo por las nubes  y nosotros nos enamoramos, diría Rick Blaine perdiéndose en la mirada oceánica de una Ilsa atormentada y radiante. Ella de azul y a lo lejos Merkel vistiendo otro gris, de corte siglo XXI, pero Hugo Boss como entonces. Mientras, nosotros, como Hamlet, entre el delirio y la cordura, preguntándonos qué hacer.  “Si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro. Morir: dormir, nada más.” Y sumidos en esa indecisión que nos convierte en resignados espectadores, dormimos sin soñar, los ojos inmóviles tras los párpados, sellados por el desconsuelo y el cansancio. No hay fase REM en estos tiempos de derrota. Te diría que sigo luchando y te diría la verdad. Pero es cierto que suena a palabra repetida, que me convierte en un abajofirmante más. Que a veces sueño con ser otro para que me creas cuando digo que estoy harto, que no me rindo, que te busco en cada barricada. Siento, a veces, que malgasto las palabras, que el panfleto que lanzo desde cada azotea es el rumor de una chicharra en la tarde, ruido de fondo, papel que adorna el asfalto que pisan las ruedas de los taxis y las ambulancias que huyen del invierno.   Te diría que estamos en lucha aún cuando me encuentro la mirada condescendiente de compañeros de profesión que huyen de la definición ideológica por comodidad o por pura insensibilidad. Músicos, artistas, que riegan sus rosas como principitos habitando pequeños planetas desiertos. Rosas pop, rosas luminosas como leds color cereza. ¿Dónde estabais?, nos preguntarán cuando el agua alcance los tejados. ¿Qué hacíais mientras el mundo temblaba?  Te diría todo esto aún cuando me encuentro con la mirada condescendiente de aquellos que observan desde lo alto estas palabras, aquellos, los puros, los santos de Nuevas Revoluciones, armados de piolets y rígidas doctrinas, con sonrisa paternal, palabra revelada, tan dados a la purga y la condena, tan solos y tan luz de octubre en un domingo que se acaba.   Te digo sigo en la lucha y ya me arrepiento de no haber elegido otras palabras. Versos alejandrinos ABBA ABBA y dos tercetos encadenados. O décimas como las de Violeta, marchitándose a las afueras de Santiago. Querría escribir una canción llena de cólera, London Calling, the ice age is coming, the suns zooming in, una melodía en la que vomitar  todo el asco que me produce la mediocridad de aquellos que dirigen nuestros gobiernos. Quisiera convencerte de que estamos a tiempo, de que no estamos condenados a ser ratones siguiendo a un flautista hasta el fondo del río. Sé desobediente, no te resignes, exige tu sitio en el mundo, estás aquí porque el futuro es tuyo. No sé qué decirte. Son viejas consignas ya desgastadas por el tiempo. Son flores de papel en un jarrón en un café del centro de Madrid, leyendas estampadas en una camiseta de una tienda en San Telmo. Nos robaron algunas palabras, es cierto. Pero nos queda el resto, y el resto no es silencio, contradiciendo esta vez a Hamlet. Quizá nos quiten las palabras. Pero no el aliento. No las ganas de buscarte.    Habrá que inventar nuevas palabras, nuevas melodías. O reinventar las ajadas por el tiempo,  por el roce de los acantilados en los que fueron gritadas. Recuperar lo que fue nuestro: las banderas, las canciones, los rostros que fuimos antes, las calles, los parlamentos. Reinventar las palabras como quien canta después de tantos años una vieja canción de mineros, mientras, otra vez, el mundo se derrumba. Quizá ya lo haya dicho, espero que me perdones, pero seguimos en la lucha. Ahora más que nunca.

Marx hablaba también de amor. "Nationalökonomie und Philosophie" . 1884

Cómo funciona el Dar en el dominio específicamente humano. Revisando algunos escritos sobre Karl Marx recordé que dedicó gran parte de su obra a trabajar la filosofía del hombre. Qué llevaba al hombre a la avaricia, qué lo despojaba de su capacidad social para convertirlo en un usurero de la sociabilidad para contrarrestar la "separatidad".  Qué le da una persona a otra? Da de sí misma, de lo más precioso que tiene, de su propia vida. Ello no sugiere que necesariamente sacrifique la vida por un otro, sino que le da lo que está vivo en él -da de su alegría, de su interés, de su comprensión, de su conocimiento, de su humor, de su tristeza -, de todas las expresiones y manifestaciones de lo que está vivo en él. Al dar así de su vida, enriquece a la otra persona, realza el sentimiento de vida de la otra al exaltar el suyo propio. No da con el fin de recibir; dar es de por sí una dicha exquisita. Pero, al dar, no puede dejar de llevar a la vida algo de la otra persona, y eso que nace a la vida se refleja a su vez sobre ella, cuando da verdaderamente, no puede dejar de recibir lo que se le da en cambio. Dar implica hacer de la otra persona un dador, y ambas comparten la alegría de lo que han creado. Algo nace en el acto de dar, y las dos personas involucradas se sienten agradecidas a la vida que nace para ambas. En lo que toca específicamente al amor, eso significa: el amor es un poder que produce amor, la impotencia es la incapacidad de producir amor. Marx ha expresado bellamente este pensamiento "Supongamos al hombre como hombre y su relación con el mundo en su aspecto humano, y podremos intercambiar amor sólo por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere disfrutar del arte, se debe poseer una formación artística; si se desea tener influencia sobre otra gente, se debe ser capaz de ejercer una influencia estimulante y alentadora sobre la gente. Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza deben ser una expresión definida de nuestra vida REAL, INDIVIDUAL, correspondiente al objeto de nuestra voluntad. Si amamos sin producir amor, es decir, si nuestro amor como tal no produce amor, si por medio de una expresión de vida como personas que amamos, no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia".    Este pensamiento dialéctico sobre el amor nos recuerda de quién es Marx discípulo, nos ayuda a pensar que Merleau-Ponty no estaba tan errado cuando proponía un lenguaje proyectual para vencer el código verbal. Los sueños Husserleanos son una posibilidad tan real como hermosa.   Me acordé que una vez me regalaron un libro de Erich Fromm que subestimé un poco. Hace dos años ese libro me hubiera podido enseñar lo que aprendí a los golpes en la vida. Como bien dice arriba, si como personas que amamos no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia... Dos años más tarde descubro este pasaje y pienso, tal vez Fromm desde su psicología vigovskyana y socialista, lo pensó, lo tuvo en cuenta, y ahi me quedé... estupefacta en la página 34 del libro donde este pasaje era citado como nota al pié, haciendo alusión a la discapacidad del amor. Parece meloso pero en realidad, si se lo mira de más lejos, no es otra cosa que el deseo de una transformación del sistema cambiario. Demos amor en vez de dinero, amemos al otro para crecer nosotros. Es una linda reflexión para dilucidar una mañana, dar vueltas en la cama y encontrar de lado a esa persona que día a día a través de su amor te hace crecer, en presencia o en ausencia.

29 de enero de 2012

Hasta la elección del color es importante. Nada es imprescindible pero claramente necesitamos hacer cosas que nos distraigan. Por qué se usa tanto la frase "focalizate en vos mismo"... a caso uno cuando ama no se focaliza en sí mismo y se da entero al otro?.

Hoy me lo preguntaba mientras revisaba palabra por palabra, mirada por mirada, recuerdo por recuerdo y me preguntaba por qué habías decidido tomar un vuelo hacia el olvido con el riesgo enorme que implica la posibilidad de no poder obtener el pasaje de regreso.
Tantos años he escuchado la canción de la Trova, tantos años me he dado el lujo de hablar de la inconmensurabilidad de posibilidades del amor que ahora, ni la Trova, ni el amor, tienen un mínimo de sentido para poder explicar una cuarta parte de lo que siento.

Amar es soltar escuchaba por ahí. Por qué parece tan contradictorio... hay que sentarse a escribir una hora sobre la diferencia entre el querer y el amar? NO. Es fácil. El querer corresponde al orden de la necesidad, de la posesión, del precisar algo como parte de uno... el AMAR tiene q ver con el dejar, con el salir, con el dejar ir. Amar implica el desgarro del alma, es el riesgo al que cualquier cuerpo se somete con mayor intensidad. Lo siento por los valientes paracaidistas, pero la verdad es que AMAR implica el dar el alma, el darse uno y a ciegas. Cuando hablo de soltar pienso que si no te puedo hacer feliz, para qué voy a retenerte conmigo? y rápidamente mis ojos se llenan de lágrimas, miro al cielo en busca de una respuesta, y no la obtengo.
Te suelto. Te dejo ir. Te saco la correa del cuello y te miro a los ojos jurándote que estaré bien, que jamás bajaré los brazos, pero qué brazos podré bajar si se han quedado colgados de tu cuello desde el primer día? Cuán mal podré estar si pude descubrirme sintiendo algo tan lindo como esto. Nunca había pensado que fuera posible amar tan profundamente a una persona, al punto de que resultara obviamente responsable la necesidad de alejarme para darle lugar a la más plena felicidad que él hubiera conocido para que pueda sentir lo que alguna vez yo sentí por él.
Una forma sumamente generosa de decir te amo, mi Karma, mi arcángel.
Yo insisto en que tenés el nombre de uno de los tres ángeles que acompañan a Dios hacia la tierra para llevarse a Cristo con él y emanciparlo de dolor, pero vos estás seguro de tener el nombre de uno de sus arcángeles, de los traicioneros, de quienes lastimaron su corazón.
Ahora entiendo que seas mi arcángel.
Los músculos sanan, se ejercitan, y siempre están a punto para tener fuerza. La vida pasa, el tiempo es el mejor Dios al que podemos rezarle cuando las palabras no alcanzan y el alma se desgarra haciendo hasta un pequeño ruido, asimilable a una hoja de parra cuando, estirada, la soplamos. Es el ruido que suena en acordes menores, en la escala de LA menor, en la escala que hace un mes me enseñabas en guitarra.




25 de noviembre de 2011

Cartas que nunca se envían

Lo confieso. Se trata de hacerse la fuerte antes de que se dé el portazo. Adoptar la pose de mujer entera, sin quebrar el gesto, mientras prometemos que vamos a estar bien, que finalmente de lo que fue quedó una enseñanza que nos hará mejores, si uno es capaz de sonreír más a menudo y acostarse a una hora prudente para aprovechar los amaneceres, tan saludables para el ánimo cuando van acompañados de ese sol radiante, que se nos antoja más huidizo de lo que anuncia la canción.
Es probable que la pose se desarme una vez se cierre la puerta y el emprenda el viaje a la ciudad definitiva, pero no dejaremos que lo descubra, pues la derrota no ha de ser desoladora y nuestra alma no ha de parecer tierra quemada tras su paso.
Sí. Tienes razón. En parte por orgullo. Pero también porque quedó el recuerdo de los días que fueron lluvia sobre la playa o al menos remanso tras la tormenta que traen estos días inciertos, aunque esto jamás debamos declararlo en presencia de la persona despedida o en ausencia de un abogado.
Tratemos de fijar la mirada en un Bogart que confiesa a Ingrid Bergman que siempre les quedará París, aun cuando París sea ruinas humeantes y lo que antaño creímos confundir con cañonazos no sean los latidos de un corazón galopante, sino cañonazos al fin y al cabo, o quizá sí el corazón, pero más bien aquel órgano de naturaleza muscular, común a todos los vertebrados y a muchos invertebrados, que actúa como impulsor de la sangre y que en el hombre está situado en la cavidad torácica, y que el tabaco, la falta de sueño, la mala vida (o la no tan mala) junto con algunas despedidas como la descrita, hacen sonar como la máquina del vapor malherido que abandonó Lord Jim mientras se hundía en un arrebato de cobardía que jamás se perdonará.

Aunque quizá sí fueran los latidos de un corazón galopante, o yo qué sé, el palpitar de las venas que, imprudente, ahora arroja gasolina para apagar el incendio que provoca la ruptura. O no. O uno está hecho un lío y finalmente improvisa para no dejarse llevar por el torbellino de su mirada, tratando de mantener la nave al pairo ante el embate de las olas. Quizá sea eso. Que en definitiva uno está hecho mierda y no sabe qué decir.
Pero lo dicho, copiemos el rictus de Bogart, y despidamos a la muchacha, envueltos en nuestra gabardina de tipo curtido en despedidas color gris olvido. Miremos sus ojos, evitando ahogarse en el azul de ese océano que ahora navegarán tipos con mejor carácter, hagamos caso omiso a las sirenas que nadan en él y pronunciemos las promesas pertinentes. Aunque cuando ella suba al avión nuestro pecho quede árido, agujereado y silencioso como los mares de la luna y no nos espere el inspector Renault con el compromiso de una hermosa amistad. Retiremos el mechón de su cabello que le tapa la cara, por última vez, y digamos algo así como: Anda, sube a ese avión, devora la manzana y márchate. Todo va a ir bien. Ella quizá también sonría, y quizá comprobemos que cuando el asesino asesta el golpe final con una sonrisa, a veces duele más la sonrisa que la herida infringida por el arma homicida.
Pero puede ser de otra forma. Mejor aún. Dejemos de mantener la pose y hagamos nuestro el discurso. Qué diablos. Sonreiremos más a menudo, ahorrémonos los suspiros, pensemos que la herida abierta será cicatriz que algún día contemplaremos, no exentos de nostalgia, con un gesto divertido, con algo de complacencia. Aunque estos no sean los días más felices vendrán mejores. Al fin y al cabo acordarse de vivir a veces conlleva hacer repaso de las derrotas con la esperanza del que sabe que la batalla decisiva aún está por venir, esa que no traerá despedidas sino encuentros llenos de abrazos como los que florecen en las salas de llegada de los aeropuertos.

Amor de primer oido

En este caso el oxímoron era cierto: el susurro era atronador. Y atravesaba las paredes, se colaba por debajo de la puerta, junto con las cuchillas de luz que atravesaban las persianas y una vez dentro de la casa, la revolvía de arriba abajo. Se colaba entre la ropa tendida, bajo la cama removiendo las pelusas, abriendo las ventanas, los cajones de la cocina y mi corazón.
A veces una palabra dicha a media voz puede sonar demoledora. Ciertos susurros pueden resultar armas de destrucción masiva que asolan los ánimos y nuestros planes.
Una declaración de amor hecha con voz queda atraviesa nuestro pecho como una ráfaga de viento fresco en verano.
El insulto susurrado se clava en nuestras sienes llenando nuestros pulmones de aceite hirviendo.
Galileo, condenado, murmura con resignación iracunda “E pur si muove” después de abjurar ante la Iglesia. Le quitarán su dignidad pero no la razón, que quedará congelada en su susurro helado.

Damien Rice canta una hermosa canción titulada “The blower’s daughter”, en la que confesará: I can´t take my mind of you (No puedo quitarte de mi mente). Y lo repetirá cansinamente, con tono remiso: I can't take my mind...My mind...my mind... Hasta finalmente susurrar, casi más como un deseo desesperado, como una última suplica, que como la constatación de un hecho: 'Til I find somebody new (Hasta que encuentre a alguien de nuevo). Es esa mentira susurrada, quizá, lo que más hiere de la bella canción.
La probablemente mejor película de la historia del cine gira en torno al último susurro exhalado por el poderoso ciudadano Kane: Rosebud. Quizá el último recuerdo feliz de aquella patria perdida que es la infancia que el protagonista observa desde el exilio en los últimos momentos de su vida.
El susurro del mar, de la lluvia sobre el tejado, meciéndonos como un canto materno que nos salva de la ruina, de las prisas, de la diástole taquicárdica de la ciudad que nos empuja en el torrente de vida atropellada que son estos días.

La vida a menudo parece un simulacro de realidad hasta que un susurro echa abajo las paredes de nuestra habitación, un susurro suspendido como un fantasma en el mensaje del contestador, un susurro que, como la gota de angostura, colorea y sazona el licor que bebemos cuando todo está en calma, haciendo repaso de lo vivido y de lo hallado, en la cocina quizá, con el frigorífico ronroneando como un gato perezoso, nuestro abrigo empapado goteando aún sobre una silla, la imagen de una despedida reciente arañándonos la pupila. Entonces ese leve sorbo nos recuerda que vivir era otra cosa y, decididos, hacemos repaso de las declaraciones de amor pendientes.

29 de febrero de 2008

Amadrineme

Hoy veía la absurda noticia de que una señora de no más de 43 años de edad había dado a luz a su séptimo hijo en Argentina. Al parecer, una norma indica que el séptimo hijo varón de una familia es apadrinado por el Presidente de la Nación.
Una bella ceremonia ha de haberse dado para que doña Cristina Fernandez de Kirchner, presidente de los argentinos, sea la Madrina -en este caso- del recién nacido. Este madrinazgo de alguna forma hace cargo al Estado a comprometerse con este niño a darle educación, utiles escolares, contención en lo que concierne a su formación hasta los 18 años.
Parece retórico, para quienes estamos acostumbrados a no leer este tipo de noticias, pero el Estado naturalmente debe garantizar y de hecho (independientemente de los juicios de valor) lo hace la educación inicial y secundaria para cualquier niño hijo o no de ciudadanos residentes en nuestro país.
Una segunda pregunta se desprende ante mi flamante conocimiento de la nueva "ley" que ampara lo anterior: esta mujer de 43 años, argentina, ¿queria tener su séptimo hijo? ¿quería tener su tercer hijo?.
Qué pasa en el mundo cuando los Rosarios no se enriedan en los ovarios y en la salud de las mujeres y se puede elegir independientemente de la condición socioeconómica en la que uno esté viviendo.
Qué pasa cuando salimos todos a defender las leyes en favor de la libre procreación y nos encontramos con los padres y alumnos del colegio San Andrés, o Sangrado Corazón de Jesús, privados, Católicos, caros... donde la imágen de seguir con la moral políticamente correcta pesa ante todo.
Recuerdo en el año 2001 cuando la legislatura de la Ciudad (todavía no autónoma) de Buenos Aires sesionaba en Cámara de Diputados la ley reproductiva: entregar anticonceptivos gratuitos en hospitales, preservativos y parches anticonceptivos para que las mujeres tuvieran la posibilidad de elegir. Cuando se propuso que todos los colegios tuvieran integración con clases de educación sexual para que los chicos tomen conocimiento del riesgo que corre su salud si no se cuidan de forma pertinente, y que al conocer todo eso sean LIBRES de elegir qué quieren para ellos, sus parejas y sus hijos.
Esa tarde frente a la Legislatura Porteña había dos bandos, claramente marcados de personas que luchaban a favor o en contra de la ley de reproductividad. Como si las niñas del colegio San Andrés no tomaran pastillas anticonceptivas para envitar un embarazo no deseado, o los muchachitos del Sagrado Corazón no usaran preservativos para no caer en usos "abortivos" en términos de la Iglesia Católica.
Recuerdo los carteles "asesinos", "abortar es matar" y demás comentarios que por supuesto no tenían nada que ver con lo que realmente se estaba debatiendo en Diputados. Claro que esto demuestra la desinformación, naturalmente, que padecen estos chicos cuando la vida se agota en un pantalón de Kosiuko, zapatos de Ricky Sarkani y algún que otro condimento de "salsipuedes".
Era un orgullo ver otro bando, un bando que habia vuelvo de Porto Alegre despues de presenciar el primer Foro Social Mundial, el primer paso del movimiento anti mundialización de todo el mundo... con banderas que decían "no enredemos los rosarios en nuestros ovarios". Eramos mujeres luchando por la integración de todo ese grupo, de todas esas chicas que podían vivir lo mismo que otras chicas... los cuerpos son los mismos, las ventajas también, los miedos también, las desgracias también y las vacunas no existen ni para unas ni para otras. Aún así de un lado habia padres, madres e hijas, del otro lado eran mujeres. Mujeres que sabian, mujeres q lloraban hijos no deseados, mujeres que pedian por favor que el Hospital Fernandez estuviera habilitado para hacer un truncamiento de trompas para no volver a traer hijos al mundo que no eran deseados, que eran fruto de una violación de las tantas que se viven y no se cuentan en familias o no familias que no están atentas al final de "Resistiré" en el Luna Park.
Lloré mucho con la historia de Claudia de Dock Sud. No viene al caso ni la historia ni el motivo del llanto, pero recuerdo la necesidad que esa mujer tenia de nunca más traer hijos en cuyos rostros se reflejen momentos tormentosos de su vida que olvidar.
desearía

Hay otra realidad posible. Hay otra forma de vivir en armonía con lo que uno desea, hay cambios que no necesitan de dinero ni de grandes riquezas... necesitan de sentido común, de escucha, mucha escucha e intercambio con la gente que lo ha vivido, necesitan de comprensión y evolución.
Sigamos rezando, creyendo... pidamos lo imposible!! Eso es parte de lo que nos mantiene vivos. Pero no nos dejemos morir por no tener el valor de decirle a Dios que está exagerando un poco.

24 de febrero de 2008

¿Gracias por ser como YO?

Cuanto egoísmo junto aparece cuando alguien dice a otro: "gracias por ser como yo". Es una cuota de admiración personal, seguridad total de que ese YO es el correcto conocedor y dador universal, que es quién lleva la conducta mundialmente establecida de lo esperable, de lo que supone que el otro espera también.
De alguna manera Latinoamérica está siendo educada bajo la filosofía de que ser distinto está mal. De que una diferencia advierte siempre un estigma, algo no bien visto, un punto negro que además de sufrimiento causa aislamiento. Argentina está impregnada de toda esa furia. Furia de quienes han establecido que ser "como yo" es lo correcto y han vivido dentro de un ciego egoísmo que mata cualquier intento de acercamiento y de tolerancia. Me acerco a un hogar de Pompeya, en donde varios amigos trabajan con chicos, y montan paredes de durloc para separar ambientes en un lugar que está mas cerca de desmoronarse que de convertirse en un lugar de contención. Estoy presente cuando al fotógrafo le roban su bolson, con un celular barato, cuatro pesos y sus documentos, dentro de esas paredes que él mismo está montando hace un año para dar contención.
Para mi total y completa sorpresa, el muchacho no se ofende, no hace más que preocuparse y salir corriendo hacia una villa donde venden una amplia diversidad de sustancias conocidas cotidianemente como Drogas. Nos da pena que esos cuatro pesos, bolso y documentos puedan ser cambiados por una o dos dosis destructivas de Pasta Base.
Acercamos el arte, la comida y la educación para que las diferencias existan. Imaginar que quien no come, imaginar que quien roba por desesperación y quien mata con desgano es DIFERENTE es estar mirando exactamente al ángulo opuesto de la relaidad. Argentina está llena de ideas encontradas, pero los cuerpos son impresionantemente iguales, todos tienen la misma necesidad.
Acercamos el arte, acercamos diversión y montamos paredes porque creemos que todos los cuerpos necesitan risas, paredes que abriguen, elementos para incorporar y aprender. APRENDER a ser distinto de lo que no nos gusta, de lo que no queremos seguir viendo o viviendo. Esa es la diversidad hermosa, la diversidad que promete, la diversidad que todos los dias resignifica y dinamiza los cuerpos, los nuestros y los de ellos.
Atención con la frase anterior, no es un descuid metodológico, ni mucho menos un descuido teórico. Nosotros y ellos existe desde la ontología misma del lenguaje. En el momento en que las paredes se comienzan a armar se rompe mágicamente esa construcción del lenguaje, se unifica en un nosotros totalmente inclusivo, donde todos cooperamos de la misma manera. Los cuerpos son iguales porque todos son capaces de elevar fuerzas y subir una pered, todos son capaces de pintar y crear sobre ellas. Todos son capaces de resignificar cada uno de los lugares que habita en su vida.

Gracias por ser como YO, introduce una cuota de odio y de desprecio hacia todo lo diferente, hacia lo que no aceptamos que funcione de otra forma. Cuando algo no funciona de la forma en que funciona uno mismo, automáticamente el ser humano tiende a despreciar, a menospreciar, a desvalorizar por miedo y NUNCA a internalizar a conciliar y atravesar esa diferencia.
Ojala las diferencias entre las personas sean tomadas inteligentemente para que podemos enriquecernos desde la calidad de personas que somos.
Ojalá ser como YO deje de significar "no ser como él".

- * Apuntes para el alma * -

Texto olvidado del escritor. Fue publicado en 1942 en una revista de estudiantes. Roland Barthes tenía entonces veintisiete años.
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De todos los géneros literarios, la tragedia es el que más marca un siglo, el que le da más dignidad y profundidad. Las épocas de esplendor, indiscutidas, son las épocas trágicas: siglo V ateniense, siglo isabelino, siglo xvii francés. Fuera de esos siglos, la tragedia —en sus formas constituidas— se calla. ¿Qué pasaba en esas épocas, en esos países, para que la tragedia fuese posible, fácil incluso? La tierra parecía ser tan fecunda que los autores trágicos nacían por montones, llamándose y provocándose unos a otros. Es fácil percibir que tal conexión entre la calidad del siglo y su producción trágica no es arbitraria. Es que en realidad esos siglos eran siglos de cultura.

Pero aquí debemos definir la cultura no como el esfuerzo de adquisición de un saber más grande, ni siquiera como el mantenimiento ferviente de un patrimonio espiritual, sino sobre todo, según Nietzsche, como «la unidad del estilo artístico en todas las manifestaciones vitales de un pueblo».

Así, comprenderemos que en las grandes épocas trágicas, el esfuerzo de los genios y del público se ocupaba no tanto del enriquecimiento de los conocimientos y experiencias como del despojo cada vez más riguroso de lo accesorio, la búsqueda de una unidad de estilo en las obras del espíritu. Era necesario obtener de y dar al mundo una visión sobre todo armoniosa —aunque no necesariamente serena—, esto es, abandonar voluntariamente un cierto número de matices, de curiosidades, de posibilidades, para presentar el enigma humano en su delgadez esencial.

Esta definición permite pensar que la tragedia es la más perfecta y difícil expresión de la cultura de un pueblo, es decir, una vez más, de su aptitud para introducir el estilo allí donde la vida no presenta sino riquezas confusas y desordenadas. La tragedia es la más grande escuela de estilo: ella enseña más a despejar que a construir, más a interpretar el drama humano que a representarlo, más a merecerlo que a sufrirlo. En las grandes épocas de la tragedia la humanidad supo encontrar una visión trágica de la existencia y, por una vez quizás, no fue el teatro el que imitó la vida, sino la vida la que recibió del teatro una dignidad y un estilo verdaderamente grandes. Así, en esas épocas, por este intercambio mutuo de la escena y del mundo, encontróse realizada la unidad del estilo que, según Nietzsche, define la cultura. Para merecer la tragedia es necesario que el alma colectiva del público alcance un cierto grado de cultura, esto es, no de saber, sino de estilo.

Las masas corrompidas por una falsa cultura pueden sentir en el destino que las abruma el peso del drama; se complacen en el despliegue del drama, e impulsan este sentimiento hasta poner drama en cada uno de los pequeños incidentes de la vida. Aman en el drama la ocasión de desbordar un egoísmo que permite apiadarse indefinidamente de las más pequeñas particularidades de su propia infelicidad, de bordar de patetismo la existencia de una injusticia superior, lo que aparta muy oportunamente toda responsabilidad.

En este sentido la tragedia se opone al drama; ella es un género aristocrático que supone una alta comprensión del universo, una claridad profunda sobre la esencia del hombre. Las tragedias del teatro no han sido posibles sino en países y épocas en que el público presentaba un carácter eminentemente aristocrático, sea por rango (siglo XVII), sea por una cultura popular original (entre los griegos del siglo V). Si el drama (cuyo género decadente fue el melodrama, y uno se aclara por el otro) procede de la ganga cada vez más desbordante de las desdichas humanas, frecuentemente en lo que tienen de más pusilánime, la tragedia no es más que un esfuerzo ardiente de despojar el sufrimiento humano, reducirlo a su esencia irreductible, apoyarlo —estilizándolo en una forma estética impecable— sobre el fundamento primero del drama humano, presentado en una desnudez que sólo el arte puede alcanzar.

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La tragedia no es tributaria de la vida; es el sentimiento trágico de la vida el que es tributario de la tragedia. He allí por qué las tragedias de teatro no han seguido esa suerte de evolución histórica que hace que de un estadio primero surja un estadio segundo más perfeccionado, y así sucesivamente. Para ello se hubiera requerido que la tragedia del teatro se implicase estrictamente en la lenta evolución de los siglos, imitase la transformación de las vidas y de las mentalidades y que, en las épocas de falsa cultura, prefiriera corromperse que morirse. No ha obrado así la tragedia; su historia no es sino una sucesión de muertes y resurrecciones gloriosas. Ella puede decrecer y desaparecer con la misma desenvoltura sublime con que apareció: después de Eurípides la tragedia se pierde (admitiendo que Eurípides fuese un verdadero trágico, lo que no hizo Nietzsche). Después de Racine no hay más que tragedias muertas, hasta el día en que nazca una nueva forma trágica —radicalmente distinta, a menudo irreconocible de la primera.

En las tragedias del teatro el interés no es el de la curiosidad, como en los dramas. El público no sigue, jadeante, las peripecias de las historias para saber cuál será el final. En las bellas tragedias el desenlace se conoce por anticipado; no puede ser otra cosa que lo que es: ni el poder del hombre, ni a veces el del Dios (y esto es propiamente trágico) pueden mejorar ni modificar la suerte del héroe. Y sin embargo el alma del espectador se aferra con pasión a la marcha de la pieza. ¿Por qué?

Es el milagro de la tragedia; nos indica que nuestra búsqueda más íntima no va al resultar de las cosas sino a su por qué. Poco importa saber cómo terminará el mundo; lo que importa saber es qué es lo que es, cuál es su verdadero sentido —no en el Tiempo, poder bien cuestionable y cuestionado, sino en un universo inmediato, despojado de las puertas mismas del Tiempo.

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De todas las tragedias del teatro se desprendería, pues, la lección siguiente —si es que el arte puede enseñar algo—: el hombre, ese semidiós, tiene en el universo como marca distintiva su pensamiento, su deseo y su poder de conocimiento, fuente de riquezas sensibles y de sutiles acciones. Pero esa potencia electiva del pensamiento, al distraer gloriosamente al hombre del ritmo universal de los mundos, sin igualar sin embargo la omnipotencia divina, sumerge al alma humana en un sufrimiento indecible e incurable. Es de este sufrimiento que está formado nuestro mundo, el de nosotros los hombres.

La tragedia del teatro nos enseña a contemplar este sufrimiento bajo la luz sangrante que proyecta sobre él; o, mejor, a profundizar este sufrimiento, despojándolo, purificándolo; a sumergirnos en ese sufrimiento humano, bajo el cual estamos carnal y espiritualmente moldeados, a fin de recuperar en ella no sólo nuestra razón de ser, lo que sería criminal, sino nuestra esencia última y, con ella, la plena posesión de nuestro destino de hombre. Habremos entonces dominado el sufrimiento impuesto e incomprendido por el sufrimiento comprendido y consentido; e inmediatamente el sufrimiento se vuelve alegría. Así, Edipo Rey, el corazón abrumado por el raro dolor de haber involuntariamente matado a su padre y casado con su madre, porque acepta ese dolor sin dejar de sentirlo, porque lo contempla y lo medita sin intentar desprenderse de él, poco a poco se transfigura e irradia, él, el criminal, un brillo sobrehumano casi divino (en Edipo en Colono).

Sobre los escenarios griegos los autores llevaban coturnos, que los elevaban por encima de la talla humana. Para que tengamos derecho de ver tragedia en el mundo, es necesario que ese mundo calce coturnos y se eleve un poco más alto que la mediocre costumbre.

Todos los pueblos, todas las épocas, no son igualmente dignas de vivir la tragedia. Ciertamente, el drama es generosamente dispensado a través del mundo. La tragedia es más rara, pues no existe en estado espontáneo: se crea con sufrimiento y arte; presupone de parte del pueblo una cultura profunda, una comunión de estilo entre la vida y el arte. Lo propio del héroe trágico es que mantiene en sí, tanto más por cuanto que es gratuito, «el ilustre encarnizamiento de no ser vencido».

Hace falta, pues, una gran fuerza de heroica resistencia a los destinos o, si se prefiere, de heroica aceptación de los destinos, para poder decir que es tragedia lo que un hombre o un pueblo crean en su vida.

Así, nuestra época, por ejemplo: ella es ciertamente dolorosa, hasta dramática. Pero nada dice aún que sea trágica. El drama se sufre; la tragedia, en cambio, se merece, como todo lo grande.