16 de marzo de 2007

+ epi ta meta ta physika +


En un abril de hace mas de cuarenta años muchos lectores se asomaron por vez primera al fascinante juego al que un libro los comprometía si se animaban a empujar la piedrecita a la pata coja, a tratar de salvar puentes y tablones entre ventanas, abismos sopesados desde la intelectualidad o la magia vislumbrada durante un lúcido y fatal momento. Rayuela ya es hoy una novela incuestionable. Es también un libro ante el que no valen la indiferencia o el análisis racional y sopesado. Leer para abrir los ojos al mundo, al ser, a lo maravilloso.
Las primeras palabras de Rayuela encierran ya la clave: “¿Encontraría a la Maga?” Buscándola Horacio Oliveira se pierde por un fabuloso París hecho de recuerdos, de imágenes y escenas que sirven de presentación para una mujer que es a un tiempo torpe y lúcida, capaz de aprehender, desde la inocencia, toda la poesía y la magia de un mundo que ante otros ojos podría parecer repetitivo y absurdo.
Buscando a la Maga o a un extraño “kibbutz del deseo”, comprometiéndose con el intento de descubrir una realidad anclada en lo maravilloso que puede acabar por llevarnos a una desesperada locura, el lector que salta con Horacio Oliveira de París a Buenos Aires o de casilla en casilla de la rayuela, ya no puede ser nunca más ese lector hembra que el Morelli-Cortázar, el viejo escritor de la segunda parte, trataba de destruir con su consciente eliminación de la palabra y la literatura, para tratar de devolverles así todo su ser.
Es Rayuela un intento de abrir los ojos a la realidad auténtica, a aquella que existe al margen del mundo creado por la cultura y la historia humanas. La Maga la conoce, sin saberlo. Pero ese conocimiento inconsciente no sirve para Oliveira: sólo el que ha encontrado comprende el valor de lo que ahora posee. Es como en la rayuela. Hay que partir de la tierra para, después de mucha pericia, llegar al cielo y, ya allí, emprender el retorno.
El gran fracaso de Oliveira es que trata de desprenderse de lo intelectual desde la intelectualidad. Pero también ahí se encontraría su éxito en caso de lograrlo. Oliveira quiere regresar al territorio, a la vida, después de destruirla, la vida como obsesión eterna: “La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos”. Y, finalmente, comprenderá que todo hallazgo no hace sino abrir la puerta a un nuevo salto. ¿La renuncia a lo absoluto? Quizá sólo la aceptación de la búsqueda eterna como verdadero centro de lo humano, como ese centro que tanto buscaba Horacio sin saber que ya lo poseía.
El primer contrapunto de Horacio Oliveira es la Maga. Frente a su lucidez revestida de torpeza, los otros protagonistas de esa parte de Rayuela, de ese “lado de allá” -que es así como Cortázar bautiza a la capital francesa- parecen simples caricaturas de unos intelectuales que vagan por el mundo de la palabra, la lógica, la abstracción y la imagen, sin lograr jamás captar un solo instante de lo maravilloso, de eso que la Maga posee, sin saberlo, a raudales.
Pero, como hemos dicho, sólo la posesión de lo maravilloso es gratificante cuando se ha luchado por ella y se ha alcanzado de un modo consciente. Podría decirse que hay dos maneras de ser sabio: desde la inocencia más absoluta o desde la sabiduría total, desde una sabiduría que lo abarque todo y así lo unifique.
Oliveira busca, sin duda, la segunda. Y el mensaje de Cortázar parece ser que el hallazgo podría hallarse a partir de la conjunción de ambas actitudes: ya que la sabiduría completa es imposible, ya que la inocencia absoluta es un sueño remoto, podrían conciliarse para así conseguir lo que de otro modo sería inalcanzable.
Ya del “lado de acá”, en Buenos Aires, el que más cerca está de esto es Traveler. Pero Cortázar repudia de nuevo en este personaje cualquier esperanza de una respuesta definitiva. Oliveira y Traveler mantienen una relación de envidia mutua que evidencia que ninguno de los dos ha conseguido encontrar lo que buscaba. El fiel de la balanza será Talita, en la que Oliveira creerá ver una y otra vez a la Maga, Talita que, haciendo equilibrios en un tablón entre las ventanas de Horacio y Traveler, será símbolo y metáfora de la peculiar vinculación entre los dos viejos amigos.
Y, siguiendo con el peregrinar simbólico, Oliveira buscará a continuación un cielo (el ojo de la carpa del círculo) para acabar bajando a los infiernos (la morgue del psiquiátrico). A punto de dar el salto definitivo, Oliveira se dará cuenta de que su búsqueda tampoco acabaría entonces. El posible final retoma el principio, la búsqueda sigue abierta.
No obtiene el lector, por tanto, ninguna respuesta definitiva y sí, sin embargo, muchos interrogantes que bien pudieran ser el revulsivo para el lector adormilado. Acerca de Rayuela dijo Cortázar lo siguiente: “Es un poco la síntesis de mis diez años de vida en París, más los diez años anteriores. Allí hice la tentativa más a fondo de que era capaz en ese momento para plantearme en términos de novela lo que otros, los filósofos, se plantean en términos metafísicos. Es decir, los grandes interrogantes, las grandes preguntas”.
Si, como decía su compatriota Borges, todos los sistemas filosóficos no son más que reconstrucciones ficticias de la realidad, similares a las creaciones literarias hijas de la imaginación humana, en Rayuela esto hace realidad a la inversa. Rayuela, como el propio Cortázar afirma, trata de plantear en términos narrativos las grandes preguntas existenciales de la humanidad. Pero, al contrario que los sistemas filosóficos que intentan encerrar a la realidad en un sistema cerrado de ideas, en Rayuela no se pretende aportar ninguna solución ni ninguna verdad absoluta. No se trata de explicar el mundo, sino de hacer patente la necesidad que de encontrar dicha imposible explicación tienen los hombres.
Cortázar también explicitó la búsqueda y los móviles de Horacio Oliveira: “El problema central para el personaje de Rayuela, con el que yo me identifico en este caso, es que él tiene una visión que podríamos llamar maravillosa de la realidad. Maravillosa en el sentido de que él cree que la realidad cotidiana enmascara una segunda realidad que no es ni misteriosa, ni trascendente, ni teológica, sino que es profundamente humana, pero que por una serie de equivocaciones ha quedado como enmascarada detrás de una realidad prefabricada con muchos años de cultura, una cultura en la que hay maravillas pero también profundas aberraciones, profundas tergiversaciones. Para el personaje de Rayuela habría que proceder por bruscas interrupciones en una realidad más auténtica”.
La maravilla en lo cotidiano es sin duda lo que más preocupó a Cortázar y lo más evidente en sus obras. El artífice de cronopios, famas y otros seres varios, logró integrar lo maravilloso en lo real rompiendo con los límites que la mal llamada literatura de ficción imponía. El tigre que se pasea por el salón, el señor que relata en una carta como de pronto se ha puesto a vomitar conejitos y el problema que esto le supone, sirven no para la evasión de lo real, sino para la más profunda comprensión de la extraña arbitrariedad del mundo humano, de la confusión y el caos en el que el hombre vive, desconociéndose a sí mismo y desconociendo su propia vida y entorno.
Sigue así Cortázar la trayectoria iniciada por Borges, si bien hay bastantes diferencias entre ambos. Cortázar entrará en la tradición de la literatura occidental, abordando los eternos temas de esta: la búsqueda del hombre más auténtico y de una realidad más real.
Los principales obstáculos que encuentra Cortázar para la consecución de estos objetivos -y que señalará una y otra vez a lo largo de Rayuela- son el lenguaje y el uso de categorías lógicas de conocimiento e instrumentos racionales para aprehender la realidad.
Cortázar trata de huir de los viejos moldes de conocimiento que predibujan el mundo. Sólo viéndolo con ojos nuevos podremos empezar a vivir en él verdaderamente. Lo que está reivindicando es que el hombre se despoje de todo su bagaje cultural e histórico, que vuelva a la inocencia. Estas dos posturas frente a la realidad quedan expresadas, por ejemplo, en un momento en que Horacio Oliveira habla de Mondrian y Klee. “Según vos, una tela de Mondrian se basta a sí misma. Ergo, necesita de tu inocencia más que de tu experiencia. Hablo de inocencia edénica, no de estupidez. Fíjate que hasta tu metáfora de estar desnudo delante del cuadro huele a preadanismo. Paradójicamente Klee es mucho más modesto porque exige la múltiple complicidad del espectador, no se basta a sí mismo. En el fondo Klee es historia y Mondrian atemporalidad. Y vos te morís por lo absoluto”.
Y, aunque Oliveira- Cortázar conoce el camino, sabe cómo puede acceder a esa realidad que busca, no es capaz de llegar hasta la meta deseada. Con respecto a la Maga dice: “Solamente Oliveira se daba cuenta de que la Maga se asomaba a cada rato a esas grandes terrazas sin tiempo que todos ellos buscaban dialécticamente.
“-No aprendas datos idiotas -le aconsejaba-. Por qué te vas a poner anteojos si no los necesitás”.
Pero Oliveira no puede librarse de sus gruesos lentes de aumento. Y paradójicamente son ellos los que aumentan su ceguera. La conciencia de eso es quizá el mayor sufrimiento de Horacio. También sobre la Maga dice Horacio: “`Cierra los ojos y da en el blanco’, pensaba Oliveira, `Exactamente el sistema Zen de tirar al arco. Pero da en el blanco simplemente porque no sabe que ese es el sistema. Yo en cambio... Toc toc. Y así vamos.”
Cortázar tenía su teoría estética sumamente elaborada. A partir de un trabajo continuado y de abundantísimas lecturas, Julio Cortázar alcanzó una madurez literaria consciente desde la que se propuso unos objetivos claros, que alcanzan uno de sus máximos niveles en Rayuela.
Lejos de acomodarse, el escritor argentino no huyó nunca de la irónica autocrítica. Así, en el personaje de Morelli el escritor se refleja a sí mismo y hace explícita toda su teoría sobre la novela, pero mantiene un ánimo crítico desmontando en múltiples ocasiones sus propios argumentos.
Muchos críticos han señalado que los capítulos prescindibles de Rayuela son más pasto para estudiosos que una verdadera aportación a la obra. Dicen que se trata de un juego más del escritor y es posible que sí sea. Con los capítulos prescindibles Cortázar trata de crear la antinovela. Pero el “rollo chino” -así lo define él en un momento de la obra -de la primera parte es, en definitiva, lo que realmente sigue implicando y conmoviendo al lector.
Escribir para entender. “Entender, no inteligir: entender”. Y, para ello, destruir lo que ya se nos ha dado como punto de partida, porque sólo así pueden la vida, la palabra o la cultura, volver a nacer para nosotros y, de esta forma, recuperar todo su sentido primigenio.
Rayuela es muchas cosas. Una novela y un juego al mismo tiempo. Una confesión y un revulsivo. Una búsqueda y muchos hallazgos. Pero quizá, ante todo, Rayuela sea una aproximación honesta tanto al lenguaje como a la vida. Una puesta en duda de todo que sirve para hacer llegar un mensaje claro: hay que seguir buscando. Sólo entonces podremos estar seguros de que estamos vivos.

COSTUMBRES






¿Qué es ese impulso (incontenible, en el fondo rutinario, siempre nuevo, un impulso) que puede terminar arrojándonos al abismo de las imágenes estáticas? Si asomarse a una foto es recuperar el aliento de un gesto que puede no haber durado más de un segundo y, sin embargo, se ha hecho eterno en la placidez de su quietud, curiosear en escenas inmóviles también puede ser bastante más que simplemente desglosar los colores del fondo, las luces que se escapan por una esquina, los reflejos en los ojos, los detalles que a simple vista jamás veríamos por la pereza con que se desliza la mirada acostumbrada. Puede haber tantas maneras de disfrutar, reinventar, descubrir, exhibir, revelar lo que hay en una fotografía como deseos de encontrar algo. Se ven, se miran fotos para cobrar multas a los automovilistas; para sentir ese gustito casi arqueológico de asombrarse con las transformaciones urbanas; para lograr que las reuniones familiares se vuelvan más y más densas cuando se quiere ilustrar a algún integrante reciente sobre cómo se veían todos los que conoce cuando iban al jardín y no eran responsables de la ropa que llevaban; para volver a tener una edad irrecuperable; para organizar competencias de horrores en tamaño foto carnet. Pero mientras ella, esa imagen, sigue siendo la misma, la materialidad de luces y sombras que alguna vez, en algún momento, existió en la mirada de quien ha sabido capturarla (el instante atesorado por siempre, que tanto embelesaba a Barthes), el que la contempla, en el acto mismo del contacto, empieza a transformarse, y lo hace con la paciencia sabia y contundente de lo irremediable: ese cambio, sea cual sea, no es tan visible, pero ahí está.
Durante años, desarrollar cierta manía por las fotos le permitió a Niní Marshall, esa mujer sabia en su delirio creativo, mantener una vida paralela: de entrecasa (cuando no era la madre que sometía al oído del público más crítico, su hija Angelita, el material que había escrito y reescrito con un perfeccionismo notable), se ponía en la piel de doña Jovita (la vieja solterona del patriciado argentino que hablaba de la visita de la infanta española en los festejos del Centenario como si acabara de llegar de verla por Avenida de Mayo) para ir labrando un álbum de recuerdos que aún hoy se conserva. Niní andaba siempre a la pesca de alguna de esas postales de estudio en que los y las protagonistas soportaban más peso en ropa y sombreros de los que un cuerpo humano puede concebir. Se encargaba de conseguir algunas, de recolectar las que habían caído en manos de amigos. Las pegaba sobre hojas amarillentas, las acompañaba con flores secas, tarjetitas de visita, dedicatorias improbables de próceres más viejos que Matusalem, versitos ídem de Florentino Ameghino y bigotes dibujados de prepo en rostros dignos de chicas Botticelli. El Museo de la Ciudad, desde hace algunos años a esta parte, ha sabido desarrollar un arte cuidadoso y delirante de la contemplación fotográfica. Trabajos de estudio con familias completas disfrazadas en los roles del momento para que el fogonazo del flash los encontrara a todos y a todas son, como en el caso de Niní pero con el margen de respeto histórico que exigen las circunstancias, el fermento perfecto para epígrafes que rescatan, en la chanza, la dimensión que rodeó a ese ritual tan solemne: la cotidianidad. Abrir una caja olvidada en un rincón puede ser el detonante perfecto del éxtasis antropológico si de golpe y porrazo empiezan a desparramarse rostros conocidos de cuando eran, en realidad, desconocidos: los padres de uno en su juventud (ni hablar de la sensación de triunfo si el trofeo se remonta a épocas aún anteriores), las vacaciones en blanco y negro de vaya una a saber quién en dónde y cuándo, amistades que se han ido perdiendo con el correr del tiempo y otras de las que nadie se acuerda, fiestas rituales horrendas con modas no menos ídem, caritas anacrónicas intentando sonreír debajo de sombrerotes media sombra, sombras grises que la torpeza de un pincel novato dejó en colores sin tener en cuenta los contornos. Como las hermanas de Marge en “Los Simpsons”, todavía hay familias (enteras) que se empeñan en disfrutar los hallazgos, digamos, de años no tan lejanos, a la manera moderna en los ‘70: desplegando una pantalla en medio del living, o aprovechando una pared recién pintada, ubicando el proyector, luchando con el cambiador que se niega a cambiar el slide. Las hay, las hay, y, la verdad, eso también es encantador, casi tanto como saber que hay gente capaz de exhibir en plena biblioteca retratos de hace más de 70 años sin tener idea de quién son los retratados. Porque sobre manías, convengamos, no hay nada escrito.
¿Qué será lo que hay en esas fotos que hipnotiza? Tiene que haber algo más que las ganas de comprobar cuán diferentes pueden ser las cosas con el tiempo, más que recordar algo, más, inclusive, que informarse sobre determinada cuestión. Será, quién sabe, el vértigo de asomarse a los otros con la incertidumbre del que podría llegar a encontrarse allí, en esa foto, en el momento menos esperado, con el rostro más insospechado, hasta en otra vida. Quién sabe. Quizá no sea más que curiosidad. Y puro voyeurismo, claro.

Menesteres de la Historia con Mayúsculas (A pedido de varios)

El viejo partido socialista se estaba quebrando mientras el partido socialista democrático de Repetto iba a permanecer incólume muchos años. Apoyado en la inserción económica del movimiento cooperativo fundado por Juan B Justo y por el propio Repetto, el Partido Socialista, de Alfredo Palacios y Alicia Moreau de Justo, iba a sufrir varias escisiones. Palacios acababa de ganar una banca en el senado contando con el apoyo del Partido Comunista y de la Izquierda Independiente más los votos de franjas del Peronismo proscripto.
Bajo la influencia de la Revolución Cubana y el desprestigio de la política tradicional, se gestaba la aparición de una nueva izquierda de la que Palacios era parte y triunfo. En ese momento el presidente Frondizi evolucionaba francamente hacia la derecha con el apoyo de Estados Unidos en ese momento intransigente con Cuba. En este contexto el Partido Socialista Democrático formaba un bloque intolerante con Frondizi, que terminaría en su derrocamiento golpista.

Anarquismo y Socialismo
El sistema de terrorismo estatal, del conservadurismo argentino, fraude y negociación general de los derechos democráticos hizo que el antiparlamentarismo de los anarquistas, su desconfianza y demás resultara una adaptación realista a los problemas que afrontaba el Movimiento Obrero.
Naturalmente, dice Vaseilles, la represión se volcaba más duramente sobre el movimiento obrero que sobre el resto de los excluidos. En tales condiciones, recurrir a huelgas y a métodos de acción directa, incluida la violencia, resultaban ser la única forma capaz de preocupar a un poder sin intenciones ni capacidad de negociación.
Los socialistas en cambio, consideraban las prácticas del régimen conservador un remanente de “barbarie” que se iría superando con el progreso de una pacífica e ilustrada evolución y no la expresión necesaria de su posición social interna, sus relaciones internacionales, etc.
Luego se formó un ala más modernista, cuyo tema central fue el de un sistema electora sin fraude. Este cambio de las prácticas electorales sólo se logró cuando a la presión interna del radicalismo y a las luchas anarquistas, se le sumó el interés británico por la situación de un país proveedor de materias primas en perspectivas de un enfrentamiento con el Reich Alemán. Aun reconociendo la importancias de esas presiones políticas, el gobierno de Roque Sáenz Peña implicó sin duda una mutación que abrió paso a la experiencia de los gobiernos Radicales. A la primera experiencia de Sufragio Universal, sin fraudes y otras coacciones.
De acuerdo con las identidades ideológicas, ni la identidad ideológica del Socialismo ni de la Oligarquía cambiaron. Queda claro que los socialistas se mantuvieron a la oligarquía siempre en términos de negociación, a pesar de que carecían de un anclaje tan fuerte en lo económico y social como sí la oligarquía.
Así su esquema básico del progreso de la civilización sobre la barbarie quedó incólume. Lo hegemónico en el campo conservador oligárquico era el autoritarismo represivo y fraudulento. Y lo excepcional, la aceptación de una democratización que terminó encarnando R. Sáenz Peña de forma más moderna que interpela la experiencia política desde 1890 a 1916. Sólo que los socialistas no podían ver siquiera el sentido de esa experiencia porque se lo impedía su concepción de Civilización y Barbarie.
La aceptación de las bases del esquema oligárquico “civilización y barbarie” implicó la creencia en que las potencias imperialistas, en especial Gran Bretaña, rancia y Estados Unidos, eran los más excelsos representantes de la “civilización”, lo que los volvió ciegos para los profundos cuestionamientos al funcionamiento del poder imperialista en general que provocaron los horrores de la Primera Guerra Mundial. Como corolario, esa aceptación incidió en su toma de posición contra la Revolución Rusa y a favor de la socialdemocracia que había sido cómplice en la masacre y quedaron fuera de su propia consideración los análisis más radicalizados que promovió el movimiento pacifista durante la Primera guerra mundial.

Visión posterior de esos “Tiempos Heroicos”
A fines de 1935 la “Revista Socialista” publicó una nota de Dickmann titulada “Tiempos heroicos” que refiere a los sucesos de la plaza Lorea ordenada por el Cnel. Ramón Falcón en 1909. El titulo connota una evolución donde esas extremas represiones son cosas del pasado, aunque Dickmann no dice que la represión de los años treinta en Bogotá, contexto de la presidencia de Agustín Justo, eran en cambio civilizadas.
Dickmann dice Vaseilles, cayó del podio directivo del socialismo en 1954 como consecuencia de su acercamiento al “maldito peronismo”, para colmo en compañía de trotskistas.
En cuanto a los recuerdos de Dickmann dice Vaseilles, ellos ratifican el mayor realismo de los anarquistas para juzgar al Estado oligárquico. Mientras los socialistas resolvieron pedir la renuncia del jefe de la policía republicana, los sindicalistas informaron que el comité de huelga sindical había resuelto solicitar solamente la apertura de los locales obreros y la libertad de los presos.
Todo lo que siguió a los sucesos de plaza Lorea les dio la razón: el presidente de la Nación dispuso el estado de sitio, sin ley y ni siquiera decreto del Poder Ejecutivo.
Dickmann pone en el mismo plano a los anteriores gobiernos radicales a los q considera producto del “sufragio universal analfabeto e inconsciente”, sin desdecirse de los gobiernos de Roca, padre e hijo. Este ultimo padre del fraude patriótico y entusiasta de la pertenencia entusiasta argentina al imperio británico.

El joven fundador José Ingegnieros (después Ingenieros)
En la dirección del Partido Socialista tuvo gran influencia en el ascenso de las capas medias porteñas, en parte constituidas por inmigrantes o hijos de inmigrantes. Tal movilidad social induce a un reflejo burgués y moderno en torno de los valores del mérito individual, el que al llegar a los estratos altos, solía entrar en asimilaciones o contradicciones con la platónica ideología “alta”, donde el apellido “patricio” o la equivalencia de “estanciero” con un titulo cuasinobiliario tenían un criterio de valoración de casta y no de clase.
El ascenso social profesional se apoyó en un intenso esfuerzo personal: algo que se destaca en la opinión sobre él de sus contemporáneos, sobre su enorme capacidad de trabajo, subrayada tanto por Ricardo Rojas como por intelectuales europeos que lo trataron. Un resultado fue una extensa obra bien escrita, que ganó un lugar en la historia del ensayo en Argentina. La decisión de esforzarse en sus estudios marca el pasaje de su etapa de socialista a la del profesional positivista con creciente éxito social.
Las posiciones que Ingenieros y Lugones tomaron en la revista “la Montaña” constituyeron un escándalo de época. Al dedicarse al estudio, se volcó a instituciones y publicaciones de medicina legal y criminología.

Socialismo y Radicalismo
El debate parlamentario sobre la aprobación de los plegios de diputados de la provincia de Córdoba a la cual Vaseilles hace referencia en el libro, cuestiona una imagen común en la cultura política argentina acerca de que, ingenuos y poco eficaces, los dirigentes socialistas, han sido de una honestidad a toda prueba.
Por el contrario la actuación de Alvear y muchos concejales radicales fue vergonzosa, así como la del presidente Roberto Ortiz, pues repartió prebendas al oficialismo como también a la “oposición”, todo un prefacio de la Argentina de fin de siglo.
Ahora bien, Ortiz y Alvear compartían un origen común radical antipersonalista y el nacimiento de esta fracción, en confluencia con los conservadores y una fracción socialista independiente se iniciaba en aquellos debates acerca del fraude sobreviviente a 1916.
La división radical fue impulsada, entre otras cuestiones, por intereses económicos y la consolidación de los terratenientes invernadotes, que en alianza con el trust frigorífico comenzaban a expropiar la renta de los criadores de ganado vacuno. Esto constituyo el debate político más sonado bajo la presidencia de Alvear, que conmocionó a la Sociedad Rural. El debate se vuelve a repetir en le década del treinta, aunque con una situación algo más golpeada por la posguerra. La defensa de los criadores fue asumida por De la Torre en la vacancia de un radicalismo “alvearizado”, es decir, con una cúpula “invernadorizada”.
Con Alvear la experiencia de las elecciones secretas y el funcionamiento institucional habían descolocado el antiparlamentarismo de los anarquistas. El partido Comunista acababa de nacer y el Socialista quedaba en una posición destacada como tercero en discordia ante la polaridad entre conservadores y radicales.

El caso del Partido Comunista

El partido Comunista nació como escisión disidente del Partido Socialista. Esta fractura tiene relación con la débil inserción del Partido Socialista en la sociedad, pero más con la orientación, heredada de la ideología dominante, de ordenar la visión del mundo según arquetipos platónicos cuyos topos uranos no es el firmamento sino modelos de sociedades jerarquizadas: civilización – barbarie. La toma platónica de modelos no lleva a la imitación real sino a una auto validación pasiva y simbólica, basada en la fuerza y el prestigio ajenos; lo cual obtura toda creación.
La sociedad argentina es un semillero de las asimetrías contrastantes que así se generan entre los modelos validantes y la práctica local, que arranca con la ideología dominante. La ideología oligárquica, admirando a las potencias imperialistas, castra las potencialidades propias: los remaches que consagran la dependencia y la condición semicolonial, es decir, el polo contrario del dominio imperial en la asimetría.
El quiebre del partido socialista que da luz al surgimiento del Partido Comunista representa también una herencia en el último. Desde luego esa herencia no tenía por qué ser una continuidad, pues la escisión es una ruptura que puede llevar a su repudio o al menos a las revisiones que suelen acompañar a las crisis. De hecho el Partido Comunista mantuvo la herencia platónica pero imprimiéndole características propias y diferenciales. Llevó el platonismo a un perfeccionamiento que el socialismo nunca alcanzó, a partir de tomar con exclusividad a la Unión Soviética como su modelo a seguir.
En la época de la primera experiencia democrática bajo gobiernos radicales, el PC fue una fuerza demasiado pequeña como para generar una disputa por la hegemonía a socialistas y anarquistas o sindicalistas dentro del movimiento obrero. Por eso sería inadecuado juzgar sus posibilidades de ubicarse, como el Partido Socialista, en la oposición al populismo radical, no desde la izquierda, sino más cerca del conservadurismo.
Sin posibilidades de ejercer la vocación, desplegada después, de ser un partido político respetable al poder, quedó en una franja de la izquierda poco influyente, pero no por ello poco productiva. Las claudicaciones socialistas y la declinación del anarquismo lo convirtieron en receptáculo de militantes capaces de dedicación sacrificada, que lograron durante la década de los treinta darle mayor volumen e inserción en el movimiento obrero.

La unión democrática
El golpe militar del 43 fue el único de los tantos golpes militares de nuestra historia que se alzó contra un régimen conservador fraudulento. Esta singularidad se debe ante todo al desconcierto vigente en el bloque oligárquico – militar en función de una definida potencia imperial hegemónica en la zona, dado que el creciente debilitamiento del Reino Unido no había encontrado reemplazante y esto advendría a la segunda Guerra Mundial. A esto se agregaban dos circunstancias más que daban mayor apertura al juego político:
Mientras Estados Unidos propugnaba que Argentina rompiera relaciones con los países del Eje siguiendo las líneas de un “panamericanismo” que no ocultaba la intención de hegemonizar todo el continente, el Reino Unido mantuvo su oposición a tal línea, con una diplomacia a la que no disgustaba el neutralismo argentino, porque seguía usando su influencia para oponerse a quien era su aliado en la guerra mundial, pero que había sido enemigo en la guerra local por el petróleo en el Chaco paraguayo; entonces paradójicamente la diplomacia británica estaba más cerca de su enemigo alemán que la de su aliado.
la guerra aceleró la industrialización sustitutiva en argentina, promoviendo empuje de sus fuerzas productivas. Este hecho fomentó tendencias nacionalistas entre los factores de poder, especialmente en el Ejército.

Se ha señalado que el partido socialista encandilado por su creencia en los valores de la “civilización occidental” aunque dentro de arquetipos más ilustrados y progresistas que los oligarcas, resultó ciego para advertir la responsabilidad compartida por las potencias en el desatamiento de la Primera Guerra Mundial
Pero el Partido Comunista había nacido justamente de la situación contraria y no tenía los mismos dogmas que el Partido Socialista. Y considerando la situación de la Unión Soviética, que recibía los ataques más grandes en su territorio, se solicitaba el apoyo de los países occidentales en la apertura de un segundo frente y el envío de suministros. Sin negar que esto influyera sobre las posiciones internacionales del Partido Comunista argentino, justificando la moderación en razones bélicas, no quiere decir que por eso se debiera resignar las posiciones nacionalistas en contra de la situación neocolonial ni menos contra los monopolios expoliadores ni menos todavía cuando la cuestión influyera sobre los derechos de los trabajadores.
El resultado en definitiva termino siendo que nuevas camadas de dirigentes de base que formarían luego el Partido Laborista, entre los que se destacó Cipriano Reyes terminaron reemplazando la dirección comunista en el gremio sin que la represiva actitud posterior de Perón contra Reyes posibilitara a los sindicalistas del PC a recuperar el terreno perdido.
Tampoco se justifica dice Vaseilles que el partido comunista ni siquiera advirtiera la importancia de que el equilibrio de las fuerzas entre los sectores del poder externo y del interno y su desconcierto es lo que estaba abriendo el espacio democrático que el régimen conservador había cerrado con el fraude. Y no lo advertía a pesar de que era el gobierno militar, que expresaba ese equilibrio y al que acusaba de fascista, el que estaba devolviendo la legalidad en abril del 45, legalidad que los conservadores le habían negado.
La actitud que el partido comunista tomó al recuperar su “legalidad” fue un acto publico con el que celebro esta recuperación poniendo en su palco de honor a varios prohombres del régimen conservador que lo habían perseguido y que en el futuro harían gala del más feroz anticomunismo, como Antonio Santamaría, uno de los terratenientes más ricos de la pampa húmeda, o Manuel V. Ordóñez, cuyo derechismo troglodita tiene pocos parangones en la historia argentina. Esto es una breve reseña que da sentido a lo que en ese acto ocurrió en base a un discurso donde en líneas generales, además de denostar la huelga general y la movilización obrera del 17 de Octubre se criticaba ala Unión Democrática por no incluir en su seno a los “conservadores progresistas” los cuales hasta ellos mismos seguramente tenían conciencia de cuan “espanta votos” eran.

Las oscilaciones bajo el primer peronismo
En febrero del 46, el peronismo triunfó en casi todo el país. Mientras Estados Unidos iniciaba rápida y fuertemente una política hostil contra la URSS, el gobierno peronista haciendo gala de una autonomía diplomática perdida desde el derrocamiento de Irigoyen, establecía relaciones diplomáticas con aquél Estado.
Es difícil imaginar otras presiones internacionales que no fueran las de Estados Unidos para atacar al gobierno peronista o bien intentar que se disciplinaran lo más posible sus militares y el sistema interamericano. También es difícil imaginar otra movilización de masas que no fueran las gremiales tras salarios y otros derechos.
Este viraje no le significo al PC el retorno de la escisión producida por quienes no estaban de acuerdo con la formación de la Unión Democrática, que con Puiggros a la cabeza formarían el Movimiento Obrero Comunista. Durante ese lapso, el PC se autoconcibió como impulsando el costado progresista del peronismo y criticando duramente al resto de los ex integrantes de la Unión Democrática.
No obstante hacia 1950 con la realización de la VI conferencia nacional, se retornó a las anteriores posiciones básicamente antiperonistas, desconociendo la tesis aprobada por el XI Congreso y realizando un decidido elogio del bloque de diputados nacionales de la UCR, como expresión de democracia. Esto provocó una nueva escisión en el PC de un grupo de cuadros y militantes que se agruparon bajo la defensa de la tesis del XI Congreso. En 1951 los elogios al radicalismo cayeron. Las autoridades de la UCR expulsaron a varios afiliados bajo el cargo de simpatizar con el PC. En este mismo año se promulga el voto femenino y la fórmula presidencial peronista triunfó con una mayoría de votos superior a la del 46. En ese año la dirección del PC encabezada por Alcira de la Peña y Juan José Real retomó la línea del XI Congreso, profundizando el acercamiento al peronismo y reiterando las anteriores críticas a la oposición.
Dado el efecto casi nulo que quedaba del comunismo en los sindicatos, aparecieron movimientos estudiantiles, juveniles. Federación Juvenil. Universitarios comunistas en los centros reformistas a los que pertenecían, de allí eran opositores al gobierno. La mayoría de estos militantes universitarios no fueron aceptados en las organizaciones de la Confederación General Universitaria (cuadro de derecha que el peronismo había hecho en las universidades desde el 46). Fueron ganando un desprestigio que se acentuó cuando su partido, bajo la conducción de Codovilla desconoció este viraje y les ordenó retornar a los centros reformistas, que en muchos casos ratificaron sus expulsiones.

Después de 1955
En este tiempo toda la izquierda tradicional argentina entro en una crisis casi definitiva, naciendo una nueva izquierda que, aunque conmovió la vida nacional por la acción de sus formaciones armadas, tampoco logró convertirse en una fuerza política.
La crisis del partido socialista fue más rápida que la del partido comunista, lo que debe atribuirse a la mejor adecuación al maniqueísmo autoritario que este último organizó alrededor de la admiración por la URSS y la dependencia política de Moscú., aunque su estabilidad sería muy resquebrajada tanto por la irrupción de la Revolución Cubana como por el conflicto sino – soviético.
Cuando comenzaban estas conmociones en febrero del 63 el PC realizó su XII Congreso. En el informe de Codovilla, que integra parte principal de las conclusiones del mismo, hay frecuentes alusiones a una coherencia entre ellas y las tesis del XI Congreso, lo que constituye una muestra platónica de desprecio por la memoria y también por las percepciones mas elementales de la conciencia vulgar.
Cabe señalar respecto de las escisiones del partido comunista que lo que Codovilla promueve es elementalmente opuesto o gira en contra de los principios elementales del materialismo dialéctico. Codovilla habla de los “principios inmortales del marxismo – leninismo” y no hace falta ser adivino, dice Vaseilles, para saber que de esa inmortalidad se sigue que alguien “inspiró siempre su actividad” en esos inmortales principios. En efecto el autor se refiere al Partido Comunista encabezado por el propio Codovilla. Lo que se deriva de esto es el giro a la izquierda del peronismo, ni más ni menos.

El culto a la personalidad
El culto a la personalidad ha sido una nota común de la mayoría de los partidos de la III Internacional y es correlativo de una concepción de la política y el Estado, aunque sea de una forma extrema de verticalismo y dogmatismo, aunque reconozca variaciones importantes según cada caso. Pero se inserta dentro de historias particulares muy disímiles: no es lo mismo el culto a la personalidad de líderes triunfantes en guerras de liberación y revoluciones, como Mao o Tito, que en jefes mediocres como Codovilla.
En el PC argentino hubo una gran reivindicación del papel de Stalin, hubo versión imitativa del culto a la personalidad. En 1954, Codovilla cumplió sesenta años y con ese motivo fue editado un pequeño libro de homenaje. Exactamente igual que la celebración del septuagésimo cumpleaños de Stalin, que la revista del PC también homenajeó.

El culto a la infalibilidad soviética
Una vez muerto Stalin, las diatribas contra el maoísmo y los chinos ocuparon la atención principal de la condena de herejías por parte del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y sus seguidores como el PC argentino. Y es que la desestalinización trajo un cierto ocaso del culto a la personalidad, pero en modo alguno el del PCUS
Volviendo a Argentina, en el mencionado XII Congreso, Codovilla no sólo veía claramente el “giro de la izquierda” del peronismo y ayudaba a producirlo sino que también se iluminaba con el paso al comunismo de la Unión Soviética.
Codovilla acusa a los chinos de ser “cismáticos – trotskistas” pero se ensaña asimismo con el Partido del Trabajo en Albania como inadmisible ejemplo de la pretensión de que el PCUS haga autocrítica.
China y Albania estaban lejos, tanto como la URSS, pero Cuba estaba cerca y su sorprendente revolución y su llamado a la lucha latinoamericana encontraban eco creciente en la sociedad argentina, especialmente entre los jóvenes, lo que le generó al PC un flanco de desgaste más importante que los otros casos.
Mas tarde que el partido socialista, el PC entró desde entonces en un proceso creciente de disolución, que se remató cuando se derrumbó la creencia de que la URSS era la expresión misma del “cielo socialista”, dentro de la cabal imitación del platonismo maniqueo oligárquico y cuando la expresión más cruda del derechismo despótico del bloque oligárquico – militar encabezado por Videla encontró al PC local con una postura de complicidad.

Cuerpos: la materia de la posmodernidad

Las mujeres en la Argentina fueron las protagonistas principales, frente al impacto que produjo en sus familias y en la sociedad la consagración del modelo neoliberal de la década del ‘90, que arrasara con industrias y empresas públicas. Allí salieron, renunciando a satisfacer la necesidad de su propia realización personal, a reemplazar a sus parejas varones que perdieron su trabajo, con la importación de productos que competían con los nacionales o con la política de privatizaciones, para conseguir el ingreso necesario para sostener sus hogares. Muchos hogares se desintegraron como consecuencia de esa crisis, que también afectó psicológicamente a los varones, desplazándolos del lugar principal en una cultura patriarcal que le exigía ser el “proveedor”.
Así llegamos a casi un 30% de hogares sostenidos por jefas de familia mujeres. Y cada vez que ellas pusieron ese muro de contención familiar frente a la crisis, aun con costos personales terribles, lo hicieron con recursos obtenidos en situaciones casi de explotación, sin protección legal.
Otras tantas lucharon contra las secuelas del terrorismo del Estado y lo hicieron defendiendo el valor de la justicia y la verdad para reconstruir con dignidad una nación democrática. Y lo siguen haciendo hoy, para remover los obstáculos que han impedido el juzgamiento de los responsables de los crímenes de la dictadura, consagrando la impunidad.
Muchas más, militantes silenciosas de las organizaciones sociales, de la política, de la actividad sindical, ejerciendo la docencia para recuperar una cultura con valores, en labores públicas o privadas, también dan su testimonio diario para la construcción de la sociedad con la que todos soñamos.
En reconocimiento a ellas, es que las mujeres políticas no podemos agotar la competencia electoral en una mera disputa de espacios de poder, al estilo de los valores. Y debemos por lo tanto, construir los consensos necesarios para superar la confrontación estéril que hasta hoy sólo ha dividido el campo popular en perjuicio del propio pueblo.
Sirven nuestros espacios, si desde ellos somos capaces de poner en cuestión el modelo de dominación de los poderosos sobre los débiles, si luchamos para hacer realidad los sueños, si creamos oportunidades, si de cada idea instrumentamos una política pública de aplicación universal, si democratizamos las estructuras del poder, si sembramos para que otros cosechen en mayores espacios de bienestar.
Para eso tenemos los instrumentos: los partidos políticos, las organizaciones sociales, los cuerpos parlamentarios, la discusión del presupuesto, la reforma del Estado, la educación. Hay que usarlos. Pero para eso es necesario incorporar una perspectiva estratégica que nos permita trabajar en los plazos mediatos y largos. Porque la tarea no es fácil. Pero el desafío vale la pena.
Es necesario confluir en la recuperación del sentido humano de la política y de una cultura de valores esencialmente humanos y morales. En ese esquema puede asegurarse la equidad, las responsabilidades compartidas enel ámbito familiar y público, porque el sistema se fortalece con el protagonismo paritario de hombres y mujeres.
Es una simplificación torpe y malintencionada pensar la disputa electoral sólo como el mecanismo de distribución de cargos. Siempre debe haber confrontación de modelos, de sociedad, de distribución versus concentración. El pueblo debe poder elegir libremente cómo quiere vivir de acuerdo a lo que, con seguridad, cada candidato o partido hará en caso de ganar. Y para eso, es imprescindible recuperar previsibilidad para la política, sinceridad en la palabra y coherencia en las conductas.
La democracia es mucho más que una periódica oportunidad del ciudadano para elegir. Los elegidos tienen menos derechos que obligaciones. Y la sociedad debe ejercer el control de gestión a través del ejercicio de su derecho de acceso a la información sobre la administración pública que transparenta las cuentas y hace más eficientes los gastos.
El Progresismo es el avance de la sociedad hacia lo que ella espera de sí misma. Es tiempo por lo tanto, de definir con claridad adónde vamos. Y en esto las mujeres tenemos mucho por decir.

10 de marzo de 2007

Gatos con Botas ·* .

Eramos varios, no recuerod porque... y cruzamos como escapándonos una piletaEn el fondo veo alguien ahogado en estado avanzado, y luego una chica que estaba en nuestro grupo, pero era una boluda, ahogada.. Y digo... Esta chica esta ahogandose... y me responden, ya fue, se ahogó (con tono de que no importa porque era una boluda) y yo la saco para ver si estaba muerta. Uno me ayuda un poco y lapone en posición de costado y ella vacía agua de su boca, y su corazón latía, le pido a uno rgande que le haga primeros auxilios y este dijo que estaba muerta, le digo que el corazón latía y se acerca... cuando iba volviendo todos la firmaban, como si fuera un perro y como si fuera un yeso lo firmaban, y yo quería que ella sepa que fui yo el que se puso las pilas, porque si bien no me "interesaba" me parecía linda y quería tener su retribución... No concluyó.
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"Más aca de los sueños, me atrevo a manifestar pensamientos en tono compuesto por sensaciones encontradas, aunque no ya alarmantes sino en tono de contemplación" pensaba sin ningún alarme.Cerca de la lluvia, sin sombrero ni zapatos, se detenía a pensar una vez mas el sujeto de las mayores incógnitas. Se sabía que al pasar los andantes sujetos lo miraban extrañados por tan incómodo ritual. El escarmiento, el mirar profundo, sin duda no eran acontecimientos cotidianos en la vorágine diaria. Aunque sin lograr más respuestas que preguntas, vagabundeaba sin sonrisa exterior, pero se sentía, hasta par alos mas ecépticos una extraña radiación de paz emergente de aquel, un sujeto aparentemente oscuro. Digo aparentemente, no ya por su cualidad interior sino por la respuesta de la mirada del andar externo desde las calles, desde los ojos de los que pertenecen, al menos para él, y también para mi, al marco estático que encierra dentro ideas ajenas al marco. Esas eran las que sacudían los intentos de rutina mecánica del sujeto claro, u oscuro, o de ambas condiciones al a vez, que él sin duda no lograba esquivar en su proceso de interpretación de. El cantinero veia como con delicadesa y seguridad se abría la única puerta del bar, y el que no usaba sombrero se acercaba a la mesa pequeña, setabase y tiraábase hacia el respaldo a la espera de un ofrecimiento de algún mesero de la "orden" para consumir algo. Un mojito era habitualmente lo que producia en él sensaciones de sutileza y sabor sin fin que se encargaba de mantenerlo en el paladar y sonreir mientras no dejaba de pensar...Hubo una noche que un personaje, pelo tipo rubio mas oscuro, chiva pequeña y prolija, se acercó y con tono amistazo lo saludo en voz alta atribuyendo su carácteristica mas evidente para los que pertenecíamos al mundo de los marcos; le dijo ... ey! cómo anda el misterio?. Cada toque cotidiano sumaba en él una pieza mas para el rompecabezas cada vez mas grande e incompleto que se había propuesto decifrar, ese rompecabezas, quizas no era mas que quel espacio dentro del marco que todos sestienen pero que por su posición periférica, no logran verlo ni formar parte.
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Sonriendo, carcajando, burlando, señalando y riendo exaltado, pasaba el gato con botas. En la tv mostraban las risas, las señales, las carcajadas, y las gatas con botas tapadas de metáforas vanidosas... En la calle, por mil lados, gatos con botas.

Daniel Dandan
10·3·2007