16 de marzo de 2007

Menesteres de la Historia con Mayúsculas (A pedido de varios)

El viejo partido socialista se estaba quebrando mientras el partido socialista democrático de Repetto iba a permanecer incólume muchos años. Apoyado en la inserción económica del movimiento cooperativo fundado por Juan B Justo y por el propio Repetto, el Partido Socialista, de Alfredo Palacios y Alicia Moreau de Justo, iba a sufrir varias escisiones. Palacios acababa de ganar una banca en el senado contando con el apoyo del Partido Comunista y de la Izquierda Independiente más los votos de franjas del Peronismo proscripto.
Bajo la influencia de la Revolución Cubana y el desprestigio de la política tradicional, se gestaba la aparición de una nueva izquierda de la que Palacios era parte y triunfo. En ese momento el presidente Frondizi evolucionaba francamente hacia la derecha con el apoyo de Estados Unidos en ese momento intransigente con Cuba. En este contexto el Partido Socialista Democrático formaba un bloque intolerante con Frondizi, que terminaría en su derrocamiento golpista.

Anarquismo y Socialismo
El sistema de terrorismo estatal, del conservadurismo argentino, fraude y negociación general de los derechos democráticos hizo que el antiparlamentarismo de los anarquistas, su desconfianza y demás resultara una adaptación realista a los problemas que afrontaba el Movimiento Obrero.
Naturalmente, dice Vaseilles, la represión se volcaba más duramente sobre el movimiento obrero que sobre el resto de los excluidos. En tales condiciones, recurrir a huelgas y a métodos de acción directa, incluida la violencia, resultaban ser la única forma capaz de preocupar a un poder sin intenciones ni capacidad de negociación.
Los socialistas en cambio, consideraban las prácticas del régimen conservador un remanente de “barbarie” que se iría superando con el progreso de una pacífica e ilustrada evolución y no la expresión necesaria de su posición social interna, sus relaciones internacionales, etc.
Luego se formó un ala más modernista, cuyo tema central fue el de un sistema electora sin fraude. Este cambio de las prácticas electorales sólo se logró cuando a la presión interna del radicalismo y a las luchas anarquistas, se le sumó el interés británico por la situación de un país proveedor de materias primas en perspectivas de un enfrentamiento con el Reich Alemán. Aun reconociendo la importancias de esas presiones políticas, el gobierno de Roque Sáenz Peña implicó sin duda una mutación que abrió paso a la experiencia de los gobiernos Radicales. A la primera experiencia de Sufragio Universal, sin fraudes y otras coacciones.
De acuerdo con las identidades ideológicas, ni la identidad ideológica del Socialismo ni de la Oligarquía cambiaron. Queda claro que los socialistas se mantuvieron a la oligarquía siempre en términos de negociación, a pesar de que carecían de un anclaje tan fuerte en lo económico y social como sí la oligarquía.
Así su esquema básico del progreso de la civilización sobre la barbarie quedó incólume. Lo hegemónico en el campo conservador oligárquico era el autoritarismo represivo y fraudulento. Y lo excepcional, la aceptación de una democratización que terminó encarnando R. Sáenz Peña de forma más moderna que interpela la experiencia política desde 1890 a 1916. Sólo que los socialistas no podían ver siquiera el sentido de esa experiencia porque se lo impedía su concepción de Civilización y Barbarie.
La aceptación de las bases del esquema oligárquico “civilización y barbarie” implicó la creencia en que las potencias imperialistas, en especial Gran Bretaña, rancia y Estados Unidos, eran los más excelsos representantes de la “civilización”, lo que los volvió ciegos para los profundos cuestionamientos al funcionamiento del poder imperialista en general que provocaron los horrores de la Primera Guerra Mundial. Como corolario, esa aceptación incidió en su toma de posición contra la Revolución Rusa y a favor de la socialdemocracia que había sido cómplice en la masacre y quedaron fuera de su propia consideración los análisis más radicalizados que promovió el movimiento pacifista durante la Primera guerra mundial.

Visión posterior de esos “Tiempos Heroicos”
A fines de 1935 la “Revista Socialista” publicó una nota de Dickmann titulada “Tiempos heroicos” que refiere a los sucesos de la plaza Lorea ordenada por el Cnel. Ramón Falcón en 1909. El titulo connota una evolución donde esas extremas represiones son cosas del pasado, aunque Dickmann no dice que la represión de los años treinta en Bogotá, contexto de la presidencia de Agustín Justo, eran en cambio civilizadas.
Dickmann dice Vaseilles, cayó del podio directivo del socialismo en 1954 como consecuencia de su acercamiento al “maldito peronismo”, para colmo en compañía de trotskistas.
En cuanto a los recuerdos de Dickmann dice Vaseilles, ellos ratifican el mayor realismo de los anarquistas para juzgar al Estado oligárquico. Mientras los socialistas resolvieron pedir la renuncia del jefe de la policía republicana, los sindicalistas informaron que el comité de huelga sindical había resuelto solicitar solamente la apertura de los locales obreros y la libertad de los presos.
Todo lo que siguió a los sucesos de plaza Lorea les dio la razón: el presidente de la Nación dispuso el estado de sitio, sin ley y ni siquiera decreto del Poder Ejecutivo.
Dickmann pone en el mismo plano a los anteriores gobiernos radicales a los q considera producto del “sufragio universal analfabeto e inconsciente”, sin desdecirse de los gobiernos de Roca, padre e hijo. Este ultimo padre del fraude patriótico y entusiasta de la pertenencia entusiasta argentina al imperio británico.

El joven fundador José Ingegnieros (después Ingenieros)
En la dirección del Partido Socialista tuvo gran influencia en el ascenso de las capas medias porteñas, en parte constituidas por inmigrantes o hijos de inmigrantes. Tal movilidad social induce a un reflejo burgués y moderno en torno de los valores del mérito individual, el que al llegar a los estratos altos, solía entrar en asimilaciones o contradicciones con la platónica ideología “alta”, donde el apellido “patricio” o la equivalencia de “estanciero” con un titulo cuasinobiliario tenían un criterio de valoración de casta y no de clase.
El ascenso social profesional se apoyó en un intenso esfuerzo personal: algo que se destaca en la opinión sobre él de sus contemporáneos, sobre su enorme capacidad de trabajo, subrayada tanto por Ricardo Rojas como por intelectuales europeos que lo trataron. Un resultado fue una extensa obra bien escrita, que ganó un lugar en la historia del ensayo en Argentina. La decisión de esforzarse en sus estudios marca el pasaje de su etapa de socialista a la del profesional positivista con creciente éxito social.
Las posiciones que Ingenieros y Lugones tomaron en la revista “la Montaña” constituyeron un escándalo de época. Al dedicarse al estudio, se volcó a instituciones y publicaciones de medicina legal y criminología.

Socialismo y Radicalismo
El debate parlamentario sobre la aprobación de los plegios de diputados de la provincia de Córdoba a la cual Vaseilles hace referencia en el libro, cuestiona una imagen común en la cultura política argentina acerca de que, ingenuos y poco eficaces, los dirigentes socialistas, han sido de una honestidad a toda prueba.
Por el contrario la actuación de Alvear y muchos concejales radicales fue vergonzosa, así como la del presidente Roberto Ortiz, pues repartió prebendas al oficialismo como también a la “oposición”, todo un prefacio de la Argentina de fin de siglo.
Ahora bien, Ortiz y Alvear compartían un origen común radical antipersonalista y el nacimiento de esta fracción, en confluencia con los conservadores y una fracción socialista independiente se iniciaba en aquellos debates acerca del fraude sobreviviente a 1916.
La división radical fue impulsada, entre otras cuestiones, por intereses económicos y la consolidación de los terratenientes invernadotes, que en alianza con el trust frigorífico comenzaban a expropiar la renta de los criadores de ganado vacuno. Esto constituyo el debate político más sonado bajo la presidencia de Alvear, que conmocionó a la Sociedad Rural. El debate se vuelve a repetir en le década del treinta, aunque con una situación algo más golpeada por la posguerra. La defensa de los criadores fue asumida por De la Torre en la vacancia de un radicalismo “alvearizado”, es decir, con una cúpula “invernadorizada”.
Con Alvear la experiencia de las elecciones secretas y el funcionamiento institucional habían descolocado el antiparlamentarismo de los anarquistas. El partido Comunista acababa de nacer y el Socialista quedaba en una posición destacada como tercero en discordia ante la polaridad entre conservadores y radicales.

El caso del Partido Comunista

El partido Comunista nació como escisión disidente del Partido Socialista. Esta fractura tiene relación con la débil inserción del Partido Socialista en la sociedad, pero más con la orientación, heredada de la ideología dominante, de ordenar la visión del mundo según arquetipos platónicos cuyos topos uranos no es el firmamento sino modelos de sociedades jerarquizadas: civilización – barbarie. La toma platónica de modelos no lleva a la imitación real sino a una auto validación pasiva y simbólica, basada en la fuerza y el prestigio ajenos; lo cual obtura toda creación.
La sociedad argentina es un semillero de las asimetrías contrastantes que así se generan entre los modelos validantes y la práctica local, que arranca con la ideología dominante. La ideología oligárquica, admirando a las potencias imperialistas, castra las potencialidades propias: los remaches que consagran la dependencia y la condición semicolonial, es decir, el polo contrario del dominio imperial en la asimetría.
El quiebre del partido socialista que da luz al surgimiento del Partido Comunista representa también una herencia en el último. Desde luego esa herencia no tenía por qué ser una continuidad, pues la escisión es una ruptura que puede llevar a su repudio o al menos a las revisiones que suelen acompañar a las crisis. De hecho el Partido Comunista mantuvo la herencia platónica pero imprimiéndole características propias y diferenciales. Llevó el platonismo a un perfeccionamiento que el socialismo nunca alcanzó, a partir de tomar con exclusividad a la Unión Soviética como su modelo a seguir.
En la época de la primera experiencia democrática bajo gobiernos radicales, el PC fue una fuerza demasiado pequeña como para generar una disputa por la hegemonía a socialistas y anarquistas o sindicalistas dentro del movimiento obrero. Por eso sería inadecuado juzgar sus posibilidades de ubicarse, como el Partido Socialista, en la oposición al populismo radical, no desde la izquierda, sino más cerca del conservadurismo.
Sin posibilidades de ejercer la vocación, desplegada después, de ser un partido político respetable al poder, quedó en una franja de la izquierda poco influyente, pero no por ello poco productiva. Las claudicaciones socialistas y la declinación del anarquismo lo convirtieron en receptáculo de militantes capaces de dedicación sacrificada, que lograron durante la década de los treinta darle mayor volumen e inserción en el movimiento obrero.

La unión democrática
El golpe militar del 43 fue el único de los tantos golpes militares de nuestra historia que se alzó contra un régimen conservador fraudulento. Esta singularidad se debe ante todo al desconcierto vigente en el bloque oligárquico – militar en función de una definida potencia imperial hegemónica en la zona, dado que el creciente debilitamiento del Reino Unido no había encontrado reemplazante y esto advendría a la segunda Guerra Mundial. A esto se agregaban dos circunstancias más que daban mayor apertura al juego político:
Mientras Estados Unidos propugnaba que Argentina rompiera relaciones con los países del Eje siguiendo las líneas de un “panamericanismo” que no ocultaba la intención de hegemonizar todo el continente, el Reino Unido mantuvo su oposición a tal línea, con una diplomacia a la que no disgustaba el neutralismo argentino, porque seguía usando su influencia para oponerse a quien era su aliado en la guerra mundial, pero que había sido enemigo en la guerra local por el petróleo en el Chaco paraguayo; entonces paradójicamente la diplomacia británica estaba más cerca de su enemigo alemán que la de su aliado.
la guerra aceleró la industrialización sustitutiva en argentina, promoviendo empuje de sus fuerzas productivas. Este hecho fomentó tendencias nacionalistas entre los factores de poder, especialmente en el Ejército.

Se ha señalado que el partido socialista encandilado por su creencia en los valores de la “civilización occidental” aunque dentro de arquetipos más ilustrados y progresistas que los oligarcas, resultó ciego para advertir la responsabilidad compartida por las potencias en el desatamiento de la Primera Guerra Mundial
Pero el Partido Comunista había nacido justamente de la situación contraria y no tenía los mismos dogmas que el Partido Socialista. Y considerando la situación de la Unión Soviética, que recibía los ataques más grandes en su territorio, se solicitaba el apoyo de los países occidentales en la apertura de un segundo frente y el envío de suministros. Sin negar que esto influyera sobre las posiciones internacionales del Partido Comunista argentino, justificando la moderación en razones bélicas, no quiere decir que por eso se debiera resignar las posiciones nacionalistas en contra de la situación neocolonial ni menos contra los monopolios expoliadores ni menos todavía cuando la cuestión influyera sobre los derechos de los trabajadores.
El resultado en definitiva termino siendo que nuevas camadas de dirigentes de base que formarían luego el Partido Laborista, entre los que se destacó Cipriano Reyes terminaron reemplazando la dirección comunista en el gremio sin que la represiva actitud posterior de Perón contra Reyes posibilitara a los sindicalistas del PC a recuperar el terreno perdido.
Tampoco se justifica dice Vaseilles que el partido comunista ni siquiera advirtiera la importancia de que el equilibrio de las fuerzas entre los sectores del poder externo y del interno y su desconcierto es lo que estaba abriendo el espacio democrático que el régimen conservador había cerrado con el fraude. Y no lo advertía a pesar de que era el gobierno militar, que expresaba ese equilibrio y al que acusaba de fascista, el que estaba devolviendo la legalidad en abril del 45, legalidad que los conservadores le habían negado.
La actitud que el partido comunista tomó al recuperar su “legalidad” fue un acto publico con el que celebro esta recuperación poniendo en su palco de honor a varios prohombres del régimen conservador que lo habían perseguido y que en el futuro harían gala del más feroz anticomunismo, como Antonio Santamaría, uno de los terratenientes más ricos de la pampa húmeda, o Manuel V. Ordóñez, cuyo derechismo troglodita tiene pocos parangones en la historia argentina. Esto es una breve reseña que da sentido a lo que en ese acto ocurrió en base a un discurso donde en líneas generales, además de denostar la huelga general y la movilización obrera del 17 de Octubre se criticaba ala Unión Democrática por no incluir en su seno a los “conservadores progresistas” los cuales hasta ellos mismos seguramente tenían conciencia de cuan “espanta votos” eran.

Las oscilaciones bajo el primer peronismo
En febrero del 46, el peronismo triunfó en casi todo el país. Mientras Estados Unidos iniciaba rápida y fuertemente una política hostil contra la URSS, el gobierno peronista haciendo gala de una autonomía diplomática perdida desde el derrocamiento de Irigoyen, establecía relaciones diplomáticas con aquél Estado.
Es difícil imaginar otras presiones internacionales que no fueran las de Estados Unidos para atacar al gobierno peronista o bien intentar que se disciplinaran lo más posible sus militares y el sistema interamericano. También es difícil imaginar otra movilización de masas que no fueran las gremiales tras salarios y otros derechos.
Este viraje no le significo al PC el retorno de la escisión producida por quienes no estaban de acuerdo con la formación de la Unión Democrática, que con Puiggros a la cabeza formarían el Movimiento Obrero Comunista. Durante ese lapso, el PC se autoconcibió como impulsando el costado progresista del peronismo y criticando duramente al resto de los ex integrantes de la Unión Democrática.
No obstante hacia 1950 con la realización de la VI conferencia nacional, se retornó a las anteriores posiciones básicamente antiperonistas, desconociendo la tesis aprobada por el XI Congreso y realizando un decidido elogio del bloque de diputados nacionales de la UCR, como expresión de democracia. Esto provocó una nueva escisión en el PC de un grupo de cuadros y militantes que se agruparon bajo la defensa de la tesis del XI Congreso. En 1951 los elogios al radicalismo cayeron. Las autoridades de la UCR expulsaron a varios afiliados bajo el cargo de simpatizar con el PC. En este mismo año se promulga el voto femenino y la fórmula presidencial peronista triunfó con una mayoría de votos superior a la del 46. En ese año la dirección del PC encabezada por Alcira de la Peña y Juan José Real retomó la línea del XI Congreso, profundizando el acercamiento al peronismo y reiterando las anteriores críticas a la oposición.
Dado el efecto casi nulo que quedaba del comunismo en los sindicatos, aparecieron movimientos estudiantiles, juveniles. Federación Juvenil. Universitarios comunistas en los centros reformistas a los que pertenecían, de allí eran opositores al gobierno. La mayoría de estos militantes universitarios no fueron aceptados en las organizaciones de la Confederación General Universitaria (cuadro de derecha que el peronismo había hecho en las universidades desde el 46). Fueron ganando un desprestigio que se acentuó cuando su partido, bajo la conducción de Codovilla desconoció este viraje y les ordenó retornar a los centros reformistas, que en muchos casos ratificaron sus expulsiones.

Después de 1955
En este tiempo toda la izquierda tradicional argentina entro en una crisis casi definitiva, naciendo una nueva izquierda que, aunque conmovió la vida nacional por la acción de sus formaciones armadas, tampoco logró convertirse en una fuerza política.
La crisis del partido socialista fue más rápida que la del partido comunista, lo que debe atribuirse a la mejor adecuación al maniqueísmo autoritario que este último organizó alrededor de la admiración por la URSS y la dependencia política de Moscú., aunque su estabilidad sería muy resquebrajada tanto por la irrupción de la Revolución Cubana como por el conflicto sino – soviético.
Cuando comenzaban estas conmociones en febrero del 63 el PC realizó su XII Congreso. En el informe de Codovilla, que integra parte principal de las conclusiones del mismo, hay frecuentes alusiones a una coherencia entre ellas y las tesis del XI Congreso, lo que constituye una muestra platónica de desprecio por la memoria y también por las percepciones mas elementales de la conciencia vulgar.
Cabe señalar respecto de las escisiones del partido comunista que lo que Codovilla promueve es elementalmente opuesto o gira en contra de los principios elementales del materialismo dialéctico. Codovilla habla de los “principios inmortales del marxismo – leninismo” y no hace falta ser adivino, dice Vaseilles, para saber que de esa inmortalidad se sigue que alguien “inspiró siempre su actividad” en esos inmortales principios. En efecto el autor se refiere al Partido Comunista encabezado por el propio Codovilla. Lo que se deriva de esto es el giro a la izquierda del peronismo, ni más ni menos.

El culto a la personalidad
El culto a la personalidad ha sido una nota común de la mayoría de los partidos de la III Internacional y es correlativo de una concepción de la política y el Estado, aunque sea de una forma extrema de verticalismo y dogmatismo, aunque reconozca variaciones importantes según cada caso. Pero se inserta dentro de historias particulares muy disímiles: no es lo mismo el culto a la personalidad de líderes triunfantes en guerras de liberación y revoluciones, como Mao o Tito, que en jefes mediocres como Codovilla.
En el PC argentino hubo una gran reivindicación del papel de Stalin, hubo versión imitativa del culto a la personalidad. En 1954, Codovilla cumplió sesenta años y con ese motivo fue editado un pequeño libro de homenaje. Exactamente igual que la celebración del septuagésimo cumpleaños de Stalin, que la revista del PC también homenajeó.

El culto a la infalibilidad soviética
Una vez muerto Stalin, las diatribas contra el maoísmo y los chinos ocuparon la atención principal de la condena de herejías por parte del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y sus seguidores como el PC argentino. Y es que la desestalinización trajo un cierto ocaso del culto a la personalidad, pero en modo alguno el del PCUS
Volviendo a Argentina, en el mencionado XII Congreso, Codovilla no sólo veía claramente el “giro de la izquierda” del peronismo y ayudaba a producirlo sino que también se iluminaba con el paso al comunismo de la Unión Soviética.
Codovilla acusa a los chinos de ser “cismáticos – trotskistas” pero se ensaña asimismo con el Partido del Trabajo en Albania como inadmisible ejemplo de la pretensión de que el PCUS haga autocrítica.
China y Albania estaban lejos, tanto como la URSS, pero Cuba estaba cerca y su sorprendente revolución y su llamado a la lucha latinoamericana encontraban eco creciente en la sociedad argentina, especialmente entre los jóvenes, lo que le generó al PC un flanco de desgaste más importante que los otros casos.
Mas tarde que el partido socialista, el PC entró desde entonces en un proceso creciente de disolución, que se remató cuando se derrumbó la creencia de que la URSS era la expresión misma del “cielo socialista”, dentro de la cabal imitación del platonismo maniqueo oligárquico y cuando la expresión más cruda del derechismo despótico del bloque oligárquico – militar encabezado por Videla encontró al PC local con una postura de complicidad.

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